El cebadero de buitres recién reabierto en los Picos, un atractivo turístico

Los visitantes podrán ver desde el Mirador de la Reina a las aves en el comedero, que constituye un punto fijo de alimentación en épocas de escasez

20.08.2015 | 05:09
Gerardo Báguena y el voluntario David Astarloa, ayer, echando las vísceras en el comedero de los Picos.

La Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos reabrió ayer en el Parque Nacional de los Picos de Europa el único comedero de aves carroñeras de la región . El cebadero, situado a poca distancia del apartadero de La Huesera y que se puede divisar desde el Mirador de La Reina, servirá para aportar alimento extra a especies como el quebrantahuesos que se está tratando de reintroducir en los Picos.

El comedero se inauguró con un menú de 100 kilogramos de vísceras y patas de cordero, oveja y cabritos que fueron directamente transportados en bidones desde el matadero de Margolles. Antes de la inauguración ya se habían realizado tres aportes experimentales en la zona, que está debidamente vallada para evitar que otros animales roben la comida. En cuestión de cinco minutos medio centenar de buitres leonados hicieron acto de presencia. Y eso que el viento, que soplaba menos de lo habitual, retrasó la presencia de las aves, según los responsables del proyecto. Cornejas, cuervos y algún que otro alimoche pronto se unieron al festín. Empezaron el banquete por las vísceras, más blandas y de mayor calidad, para acabar pelando las patas con el fin de sacarle la grasa. La comida desapareció en cinco minutos. Los quebrantahuesos "Quebrantina", "Viciele", "Atilano" y la pareja "Deva" y "Casanova" -que sólo comen huesos- aún no se han animado pero puede que lo hagan en el próximo menú, previsto para el viernes a las 11.00 horas.

Gerardo Báguena, responsable del proyecto, explicó que la intención de la fundación es la de hacer al menos un par de aportes a la semana de 100 kilos cada uno, hasta llegar a los 700 u 800 kilos de comida mensuales, aunque todo dependerá de la oferta (de que el matadero siga abierto y colabore) y de que el modelo funcione y no queden restos.

El objetivo, según contó Báguena, es triple. Por una parte, conseguir un punto perramente y predecible para las necrofágas durante todo el año, de manera que las aves en situaciones críticas de necesidad alimentaria puedan recurrir al comedero, especialmente en invierno. Por otra parte, hacer un estudio durante los próximos dos años que permita cuantificar estadísticamente el ahorro energético y la disminución de emisiones de CO2 que produce la comunidad de carroñeros frente a la incineración artificial. "El 40% de lo que se sacrifica para consumo humano se desperdicia e incinerarlo más de una hora a 850 grados conlleva gastos energéticos, de transporte y limpieza que estas aves eliminan de forma natural y más barata", contó Báguena.

El codirector de la parte cántabra del Parque Nacional, Agustín Santori, hizo hincapié en el tercer objetivo: el cultural y divulgativo. "Se trata de que los cientos de visitantes que llegan al Mirador de la Reina se sorprenda al ver a las rapaces alimentarse y completen la información con un panel informativo" .

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