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El Pinín, punto final

Fernando Armas y su mujer, Tichu Franco, sirvieron ayer los últimos cafés en el popular bar llanisco, con 132 años de historia

10.01.2016 | 04:24

Claudia Cembreros tiene 17 años y nunca olvidará que se tomó su primera cerveza en el café Pinín de Llanes y recordará a su hermano Erik, de 12, que también allí él bebió el primer mosto de su vida. Seguramente ambos compartirán con sus hijos las historias que sus padres y tíos les han relatado de un establecimiento que ayer cerró sus puertas después de 132 años de historia.

Lo hizo con un animadísimo vermú y una multitudinaria cena de despedida que, aunque ha sido el tradicional encuentro de Año Nuevo del bando de San Roque, fue más una reunión de amigos del café Pinín. Corrieron la bebida, la comida y las anécdotas, algunas tan entrañables como la que Víctor Cembreros -tío de los muchachos- relataba ayer en la terraza del establecimiento.

"En el verano veníamos por la noche a ver cómo Miguel toreaba al 'Trampas', un perro que tenía. Se ponía de rodillas y el perro pasaba a corriendo", narró el llanisco antes de añadir que, acabada la faena, le decían "¿vamos a por gatos?", y el can "se volvía loco buscando debajo de todos los coches".

Era la década de los setenta y entonces había muchos bares emblemáticos -el Rompeolas, el de los arcos- "pero todos cerraron", comentó Cembreros con sus hermanos Pedro y José, cuyos padres ya paraban "a tomar el café" por el Pinín. Sus hijos se convirtieron luego en asiduos del vermú y la sobremesa en el mítico establecimiento y allí coincidieron con Juan Luis Quintana, empleado del Ayuntamiento llanisco.

El Consistorio está justo en frente del Pinín y Quintana lleva "34 años parando a diario, menos los domingos que cerraba". Fernando Armas lleva al frente del café veintiún años y otros muchos que llevó el bar con su padre. Ayer fue día de muchos amigos, historias y abrazos, como el que le propinó la también llanisca Begoña Gil. "Soy clienta y amiga de toda la vida, desde chica", rememoró ayer antes de confesar que cuando "Nando" tenía diez u once años le llamaban "querubín, porque era tan guapo que aburría".

Por el Pinín han pasado familias enteras de llaniscos, como la de Pancho Ruiz, que ayer calculaba que le habían precedido cinco generaciones. El llanisco compartió ayer el vermú con sus amigos Mónica Fernández y Rafael Romero, presidente del bando de La Magdalena, al que pertenece Fernando Armas y cuyo estandarte lleva el día de la fiesta. Su padre, Miguel Ángel, era de San Roque, pero tal es el cariño que los llaniscos tienen por el Pinín que estas diferencias se diluyen puertas adentro.

La que se cerró ayer fue una de las páginas más destacables de la historia de Llanes, de la general y de las que marcaron la vida de muchos vecinos y visitantes.

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