Sábanas limpias por placer y salud

La muda de la cama hay que hacerla, como mínimo, una vez a la semana para evitar la acumulación de ácaros, bacterias y mugre, que se multiplican al dormir desnudo

07.05.2016 | 05:57
Una cama recién hecha y mudada.

Uno de los pequeños placeres cotidianos es meterse en una cama recién mudada y con sábanas que huelan a limpio. Pero a pesar de ser un gusto para los sentidos, es también bueno para la salud. Si uno se colocara unas gafas de visión ultramicroscópica vería que las sábanas son todo un festival de ácaros, bacterias y mugre de tamaño infinitesimal. Albergan restos de piel muerta, pelos, bacterias, mohos, ácaros, materia fecal, sudor, polen, pelusas y restos de cosméticos.

La costumbre de dormir desnudo incrementa el número de estos invisibles "intrusos" en el lecho, pues los expertos razonan que microorganismos como el E.coli dejan su lugar habitual de residencia (el intestino) por el orificio natural y se cuelan en las sábanas. Todo esto sin contar que es en la cama el lugar más habitual de la casa donde los amantes dan rienda suelta a su pasión, por lo que estos fluidos corporales se suman a los ya citados.

Así que calculando que si se es riguroso con las ocho horas de sueño recomendadas, uno se pasa la tercera parte de su vida en el lecho. Por lo que merece la pena ser limpios y seguir unas pautas de higiene mínimas para declararles la guerra a estos indeseables compañeros de cama. Los expertos recomiendan que se mude, al menos, una vez por semana.

La buena noticia es que los españoles son de los europeos más cumplidores porque lavan la ropa de cama una media de 3,8 veces por semana, según un estudio de Ariel Hygiene y el Instituto Pasteur. Mientras que el 90 % de alemanes y británicos la cambian una vez a la semana. No obstante, ésta es la periodicidad mínima recomendada por el mencionado instituto para evitar que se multipliquen los ácaros del polvo y se acumulen alérgenos en la reina del dormitorio y del descanso nocturno. Pero hay que tener en cuenta que si no se lavan correctamente, su paso por la lavadora puede ser en balde. Hay que hacerlo a temperaturas altas. Los expertos alertan de que un lavado a 30 grados centígrados sólo elimina al 6% de estos microorganismos mientras que el programa a 60 garantiza su exterminio.

Aunque para la mayor parte de los individuos sanos no representa ningún riesgo dormir con estos "seres diminutos", sí pueden causar infecciones o alergias a personas enfermas, con las defensas bajas o a los bebés. Por lo que los científicos proponen añadir productos desinfectantes al lavado o recurrir a detergentes con bactericidas. Otra solución más doméstica es aplicar la receta de las abuelas: tender al sol y esmerarse con la plancha, porque el calor es su gran enemigo.

Philip Tierno, microbiólogo y patólogo de la Universidad de Medicina de Nueva York y autor de "The Secret Life of Germs. Observations and Lessons from a Microbe Hunter" (Atria Books), se ha esmerado en estudiar qué se esconde entre las sábanas.

Insiste en que no debe retrasarse su limpieza y pasar por alto la gran cantidad de suciedad que acumulan. Además, debido al tiempo que uno pasa durmiendo y la proximidad de la almohada a las vías respiratorias, este complemento nocturno puede ser la primera fuente de hongos, sobre todo las sintéticas y de plumas.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine