19 de julio de 2016
19.07.2016
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Kiko Sarmiento, pura fibra

Nacido en Cangues d'Arriba, ha bajado 54 kilos en dos años, tras "engancharse" al fisioculturismo y seguir una severa dieta

19.07.2016 | 03:38
Kiko Sarmiento.

Francisco Sarmiento Sánchez, de 30 años, natural de Cangues d'Arriba, dio un drástico cambio a su vida cuando descubrió en 2014 el gimnasio que gestionaba Eduardo Oliva -un bombero pucelano que tiene casa en Sotu Cangues- en la antigua Calzada de Ponga, en el popular barrio de El Zanjón, en la ciudad canguesa. Probó y se "enganchó". Hoy, pese a que aquella instalación deportiva echó el cierre a últimos de 2015, continúa acudiendo al "gym" de Contranquil.

Podía ser la típica historia de un chaval con sobrepeso que busca ponerse cachas con miras a la temporada de verano para pasearse luciendo "tableta" por las playas y piscinas. Todo lo contrario, "Kiko" Sarmiento, como le llaman sus íntimos, en aquel momento pesaba 132 kilos, por lo que, animado por Oliva -su preparador- comenzó un drástico plan de adelgazamiento para perder grasa y ganar músculo, con pesas y máquinas. Veinticinco meses después, la báscula refleja 77 kilogramos para 1,80 de estatura. Un sueño hecho realidad a base de tesón. Y la cosa no para ahí, cumpliendo a rajatabla el preceptivo programa de entrenamiento y nutrición -dieta rigurosa-, entre ceja y ceja tiene pensado, el próximo año 2017, participar en el Campeonato de Asturias de fisicoculturismo y fitness. Atrás quedan los 54 kilos que perdió en estos dos últimos ejercicios. Todo a fuerza de voluntad y grandes sacrificios. ¿Su siguiente reto? El Campeonato del Norte de España, siempre y cuando consiga patrocinador.

Sarmiento, a un lado esa enorme afición al gimnasio, cuenta también con una formación académica. Cursó estudios de Primaria en las Escuelas Públicas Vázquez de Mella y, posteriormente, los continuó en el Instituto Rey Pelayo. Finalizada esa etapa hizo los ciclos de Formación Profesional en la Escuela de Selvicultura de Tineo, consiguiendo el título de capataz forestal. En principio buscaba opositar a guarda del Principado, pero no tuvo demasiada fortuna, dada la escasez de plazas y la enorme cantidad de aspirantes. Además, también posee la acreditación de guarda particular de campo, lo que le posibilita realizar esa tarea en cotos privados de caza.

Su afición al mundillo cinegético de viene de familia, pues su tío Francisco Sánchez Aguilar, "El Curro", le acercó a esa actividad con apenas 7 años, en el coto de La Parraguesa. Por entonces únicamente acompañaba a los miembros de la cuadrilla en las salidas, ya que la licencia no se la expidieron hasta que cumplió 14 años, momento en que recibió su particular "bautismo" cinegético al cazar su primer jabalí, en el lote de Teleña (Cangas de Onís).

La pasada campaña selló su mejor curso, con 18 jabalíes abatidos, todos en el coto de La Parraguesa de Caza. Fue el tirador más certero de cuantos tomaron parte en esos terrenos cinegéticos. "Nada más que cazo jabalíes, ni corzos, ni rebecos, ni raposos", dice Sarmiento, quien aboga por la práctica de esa actividad en la vertiente asturiana del parque nacional de los Picos. "Siempre que estuviera bien regulado se generaría riqueza. Nada de cazar por cazar", añade el componente de la cuadrilla de Pedro García Rama, el de El Pozu los Llobos.

Asimismo, le atrae el mundo de la pesca, gracias a un buen amigo, José Vega Tomás, de Villanueva (Cangas de Onís), su introductor en esa materia cuatro años atrás. "Me gusta la pesca del salmón, pero también la marítima. Mi primer salmón lo eché a tierra en el puente de Villanueva, allá por el 2012; en este 2016 maté otros tres salmones, uno a cebo, en El Capitán y los otros dos a mosca, en El Picu la Vieya y los bancos de El Golondrosu, en el Sella todos", explica Kiko.

Su actividad laboral está centrada esta campaña estival en una empresa de turismo activo y de navegación, tanto haciendo servicios de quads como de canoas con la clientela. Con 13 o 14 años, se inició en el gremio de la hostelería, echándole una mano a "Mario, el de Lanza", en un bar de la carretera Cañu, pero no le atrajo profesionalmente. Estuvo un tiempo en el sector de la construcción, de peón, con su tío Francisco Sánchez. Después trabajo en una empresa de turismo activo y, más adelante, ejerció de capataz forestal en la limpieza de columnas de alta tensión en el Monte Naranco, en Oviedo.

La dieta no le impide, de vez en cuando, hacer de chef para sus íntimos de la generación del 85 -Arturín Coro, Felipe Vázquez, Guillermo Pelayo, Jorge Intriago, Fran Argüelllo, Alberto Valle y Andrés Suero, entre otros-. "Se me dan bien las paellas, y las calderetas de jabalí o cordero", asegura. Lo corroborará esa peña gastronómica reunida en torno a la mesa, por ejemplo, el día de La Jira de Contranquil, las exquisiteces culinarias de ese fisicoculturista, exjugador del Cánicas AC en categorías inferiores.

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