PEPE MONTESERÍN
Cuando vi a más de 50 magos manifestándose ante la Catedral, solicitaban ayuda de la Administración, se me cayó el alma a los pies como por arte de birlibirloque. Me creía que los ilusionistas eran omnipotentes y que convertían en conejo o en as cualquier cosa que tocaran. ¿Necesitarán pigarras?, ¿subvenciones para chisteras? ¡Qué desatino el de estos reyes del encanto y del hechizo, capaces de lo extraordinario y lo admirable! Desaconsejaría yo que al final de una exhibición, donde las cosas surgieron de la nada, colocaran en los créditos: «Lepóridos donados por el cabildo de Lanzarote», o «Apertura de jaula realizada con la colaboración de Astur-Cerrajeros (atención 24 horas)»; y, desde luego, sería increíble: «El truco de ensanche de la calle Nicolás Soria se ha realizado gracias a la cooperación del Ayuntamiento, Renfe y el Ministerio de Fomento». ¡Es la Administración, cojona, quien necesita a los magos!