C. MATEO
Su manos han cortado el pelo de los rostros más famosos del panorama social y cultural de media España. Ramiro Fernández Alonso es, como dice medio Oviedo, «un hombre hecho a sí mismo». De ayudante de peluquero de su hermano, ha pasado a convertirse en uno de los referentes de la psicoestética. Lo ha conseguido casi todo, pero aún tenía un fleco en sus logros: reunir a todos los suyos. Ayer lo hizo realidad. A la una de la tarde el monasterio de las Pelayas congregaba a 57 de sus familiares de varias generaciones. No en vano Ramiro Fernández es ya tío bisabuelo, presumía orgulloso este allerano. Oficiada por su amigo el obispo auxiliar, Raúl Berzosa, la ceremonia incluyó la entrega al psicoesteta de una bendición del Papa Benedicto XVI, regalo de Fernando Hevia, recién llegado de Roma.
Al término de la eucaristía Berzosa explicaba el porqué de su presencia como oficiante. «Estoy aquí por amistad, porque Ramiro es una de las primeras personas a las que conocí cuando llegué a Oviedo, primero por su profesión y después personalmente». A su juicio, «el encuentro ha sido un gran acierto y evidencia la importancia que él concede a la familia».
Durante su homilía Berzosa instó a los presentes a «hacer un alto en el camino y plantearse la importancia que la familia tiene en la trayectoria de todo ser humano; a saber, dónde estamos, qué camino tomar y qué llevar de equipaje». Y tomando como referencia un texto del fallecido Juan Pablo II, abogó por «las virtudes humanas, sobre todo por el humor, para reírnos hasta de nosotros mismos, y el amor, traducido también en ternura y cariño, pero sin olvidar las virtudes espirituales: la apertura a Dios y a los demás, la coherencia en la vida de cada uno, ir sin caretas ni falsedades, la fidelidad al compromiso bautismal, la transparencia y la solidaridad».
Tras la eucaristía la familia al completo se trasladó a un restaurante cercano a la plaza del Ayuntamiento para degustar una comida. No faltaron, junto a la Casa Consistorial, la foto de familia ni tampoco, ya en el interior del restaurante, durante el aperitivo, las instantáneas de sus cinco hermanos vivos junto al psicoesteta -tiene uno más ya fallecido-, las anécdotas y los recuerdos que se dilataron hasta el final. El encuentro se cerró con las canciones de Luis Estrada y Jorge Tuya.
Emocionado, Ramiro Fernández, hijo predilecto de Aller, resumía el objetivo de la reunión de su familia. «Quería juntarlos a todos. Es cierto que la mayoría de mis hermanos están en Asturias, y otro en Brasil, pero la vida no suele dejar hacer encuentros como éste, así que me puse a ello y la verdad es que sólo ha faltado un sobrino, que está corriendo en el equipo de Jesús Suárez Cuevas. El resto han llegado de Londres, Nueva York, de toda España... es una maravilla».
La pretensión de esta comida, añade, «es que no sea una cosa aislada. Yo ya he abierto brecha, ahora daré el relevo a los más jóvenes para que, quizá cada dos o tres años, organicen algo parecido».
Todos los comensales disfrutaron del encuentro, pero quizá uno de los más emocionados fue el hermano de Ramiro José Fernández Alonso, uno de los grandes empresarios de Brasil. Asturiano de pro y emigrante en la década de los sesenta, recordó los inicios del psicoesteta como uno de sus cuatro ayudantes. Él abandonó el sector de la peluquería, pero ayer miraba con orgullo a su hermano. «Pronto me pasó con creces y hoy es un referente para mucha gente, un ejemplo para esta gran familia».