José ramón Fernández molina
Arquitecto, redactor del catálogo de elementos protegidos del Ayuntamiento
gema adán
Arqueóloga, miembro del grupo de investigación del patrimonio Ciriaco Miguel Vigil
maría del mar díaz gonzález
Profesora de Hª del Arte de la Universidad de Oviedo
 

«Tirar el gasómetro sería la opción zafia, propia de los 70» «El gasómetro es uno de los hitos del perfil de la ciudad; es una barbaridad suprimirlo» «Si hay que derribar todo lo que estorba a la Catedral, nos cargamos la ciudad»

«La noticia positiva es que el padre de la rapaza apuesta por ponerla en valor»
«Se podría pedir que se tire la torre de la Catedral, que quita vista al Naranco»
«Lo mejor sería darle un nuevo sentido; lo mínimo, mantenerlo como está»

09.05.2008 | 02:00
«Tirar el gasómetro sería la opción zafia, propia de los 70» «El gasómetro es uno de los hitos del perfil de la ciudad; es una barbaridad suprimirlo» «Si hay que derribar todo lo que estorba a la Catedral, nos cargamos la ciudad»
«Tirar el gasómetro sería la opción zafia, propia de los 70» «El gasómetro es uno de los hitos del perfil de la ciudad; es una barbaridad suprimirlo» «Si hay que derribar todo lo que estorba a la Catedral, nos cargamos la ciudad»

El gasómetro de la Fábrica de Gas de Oviedo es uno de los elementos de ese céntrico recinto industrial conocido por todos los ovetenses: una estructura metálica, redonda, que da un perfil peculiar a la ciudad desde la Ronda Sur en fuerte contraste con la cercana catedral. Los expertos coinciden en ensalzar el valor patrimonial del gasómetro, pero el debate sobre su conservación o derribo salta cada cierto tiempo a la actualidad ovetense. Vecinos de La Tenderina han anunciado una campaña de recogida de firmas para pedir su derribo, porque dicen que les quita vistas de la torre de la Catedral. LA NUEVA ESPAÑA ha pulsado la opinión de varios expertos en patrimonio. Todos ellos coinciden en la necesidad de proteger el gasómetro.

L. S. N.

L. S. N.

L. S. N.

-La Asociación de Vecinos de La Tenderina quiere tirar el gasómetro de la Fábrica de Gas porque afea las vistas de la torre de la Catedral.


-Están mal informados, o bien son ignorantes, y me temo que puedan estar manipulados. Ese mismo argumento de que el gasómetro estorba se empleó en la tramitación del Plan General anterior, como respuesta a las alegaciones que pedían que se protegiera.


-Usted formó parte del grupo de expertos que se creó para exigir protección a la Fábrica de Gas.


-Sí, en aquel momento, hace unos diez años, el Grupo Gas Ciudad promovió la declaración del conjunto como bien de interés cultural, para evitar su derribo. Estos años han ido confirmando, de una manera lenta pero firme, que la recuperación del patrimonio histórico industrial es estratégica para España, que va por detrás de otros países europeos que ya han recuperado y dado nuevos usos a este patrimonio.


-¿Qué valor atribuye a ese elemento en especial, el gasómetro?


-Es de los años cincuenta, tendría más valor patrimonial en sí mismo si fuera más antiguo, pero es el icono de la Fábrica de Gas. En cualquier ciudad europea se consideraría un valor que hay que aprovechar. He estado recientemente en Zurich, en una zona industrial de las afueras, recuperada para usos de ocio, culturales, con restaurantes de súper moda, galerías de arte, lo más «cool». Eso es lo que hay que hacer, es la opción clara: seleccionar bien los usos, para generar una nueva centralidad. Tirarlo sería la opción zafia, propia de los años sesenta y setenta, cuando se metía excavadora para hacer ciudad nueva, modernidad barata. El urbanismo del siglo XXI respeta los sedimentos que deja la historia en las ciudades, los reaprovecha. Las ciudades son fruto del tiempo, no pueden autofagocitarse.


-¿Qué le parece el plan que presenta la propiedad, HC, firmado por César Portela?


-Es una noticia positiva, que el padre de la rapaza apuesta por ponerla en valor. Selecciona un buen arquitecto, que lo entiende perfectamente. Ése es el camino correcto, el plan de Portela conserva casi todo, lo trata como un nuevo espacio urbano. Propone, por ejemplo, convertir el gasógeno -una marquesina de hormigón diseñada por el ingeniero Ildefonso Sánchez del Río- en un restaurante, puede ser genial. Oviedo es hoy lo que es porque se industrializó en el siglo XIX, y el alumbrado público era de gas. Y el gasómetro es un icono de esa época, por ello hay que conservarlo. Estaremos atentos a todo el proceso, en el Ayuntamiento y en Cultura.

Gema Adán, arqueóloga, fue miembro del Pleno del Consejo de Patrimonio del Principado de Asturias, y, junto con las profesoras Raquel Alonso y Pilar García Cuetos, forma parte del grupo de investigación y difusión del patrimonio Ciriaco Miguel Vigil.


-¿Cómo valora la postura de la Asociación de Vecinos de La Tenderina, que quiere quitar el gasómetro porque dicen que estorba sus vistas de la torre de la Catedral?


-Es como pedir que se tire la torre de la Catedral porque no se ve bien el Naranco. El gasómetro forma parte del perfil de la ciudad, es una de sus torres, uno de sus hitos y sería una barbaridad tirarlo. Está integrado en la ciudad y soy una firme partidaria de mantenerlo.


-¿Qué valor cree que tiene?


-Tenemos la suerte de contar con un conjunto como la Fábrica de Gas, muy definido, un peldaño más de la historia de la ciudad, junto al casco histórico. En otras ciudades de Europa hay gasómetros similares a este, recintos industriales que se han recuperado. Lo habitual es integrar y recuperar esas zonas. Y la Fábrica de Gas forma parte de Oviedo, en «La Regenta» el magistral mira a la ciudad desde la torre de la Catedral y ve ese recinto fabril, la fábrica, al Sur. Es esta Fábrica de Gas, el nuevo Oviedo que entonces surgía. Da fe de la importancia que tuvo esa clase social entonces nueva, el proletariado, en la creación de la ciudad.


-¿Y mantener el recinto, pero sin gasómetro?


-Forma parte del conjunto de la fábrica, es su buque insignia, y hay que preservarlo sin duda alguna. La fábrica tiene muchos elementos interesantes que hay que proteger. Por ejemplo, ahí están los arcos de los soportales de las casas que había frente a la Catedral, que se tiraron para hacer la plaza, para darle vistas.

«El urbanismo del siglo XXI debe respetar los sedimentos que ha dejado la historia en las ciudades. Y Oviedo se industrializó en el siglo XIX, el gasómetro es un icono de esa época»

María del Mar Díaz González es profesora de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo y experta en patrimonio industrial.


-¿Estorba el gasómetro a la Catedral, como sostienen los vecinos de La Tenderina?


-Los argumentos que expresan los vecinos, según he podido leer en la prensa, son insostenibles. No me parece pertinente pedir el derribo de un elemento así porque estorba la vista de la Catedral. Si hubiera que tirar todo lo que interfiere en la vista de ella, nos cargamos la ciudad. Además, es algo que ya se hizo: se derribaron las casas porticadas que había frente a la Catedral para hacer la actual plaza. Desde luego, no soy partidaria de hacer algo similar otra vez.


-¿Qué valor cree que tiene este elemento?


-Evidentemente es un testimonio de un pasado industrial, una fábrica que entonces estaba ubicada en la periferia del casco urbano, pero la ciudad ha crecido, y estas infraestructuras son absorbidas y quedan en lugares céntricos. No soy partidaria de derribar: el gasómetro tenía un sentido industrial, y hoy nos queda el eco, es un testimonio de una época. Lo mantendría, dentro de un nuevo contexto.


-¿Conoce los planes de recuperación del conjunto?


-Creo que la idea del arquitecto, según lo que se ha publicado, es bastante conservadora, creo que el arquitecto ha trazado un plan que apuesta por conservar los elementos importantes y entiendo que el gasómetro lo es. En otras ciudades se han rehabilitado estos elementos, se les ha dado un uso cultural.


-¿Cuál es su propuesta para el gasómetro?


-Sin duda alguna lo mantendría, la posibilidad del derribo me parece un desatino. Lo mejor sería darle un nuevo uso, en un nuevo contexto. Eso sería lo máximo que se puede pedir. Lo mínimo sería dejarlo como está en la actualidad, ese esqueleto que forma parte del perfil de la ciudad. En resumen, mantener su testimonio de un pasado industrial de Oviedo, con la estructura tal como está, o bien abordar un nuevo proyecto que lo incluya y lo recupere, lo que sería lo máximo.

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