E. CASERO
«Somos muchos los que sufrimos las consecuencias de las bombas de racimo y de las minas antipersona, los que estamos mutilados, y este asunto nos tiene sumidos a todos los camboyanos en la desesperación». Channeng es camboyano y tiene 20 años. Desde hace tres vive sin sus dos piernas y uno de sus brazos debido a las explosión de una mina cuando se encontraba cortando leña. Es uno de los 48 niños y jóvenes que viven en el centro Arrupe, creado por el jesuita asturiano Kike Figaredo para víctimas de las bombas y de la poliomielitis, enfermedad que afecta al sistema nervioso y que provoca deformidades, atrofias musculares o incluso la muerte.
Kuní tiene 15 años y está cursando el grado 8 -2º de la ESO- en el centro de Figaredo. La joven vivía junto a sus padres y sus siete hermanos, pero debido a su enfermedad, la polio, no acudía a la escuela, que le quedaba muy lejos de casa. «La llevamos una silla de ruedas, y la trasladamos al centro Arrupe, donde reside desde hace seis años. Ha cursado ocho cursos durante este período, muestra de que son todos muy inteligentes y muy eficaces si se les da la oportunidad», comenta el jesuita.
Camboya tiene 14 millones de habitantes, el 50% menores de 18 años. Cerca de un 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, a causa, en su mayor parte, de los treinta años de guerra civil que vivió la zona, y que les dejó también sin infraestructuras. Desde 1998, la población está luchando por su recuperación, algo prácticamente imposible sin la ayuda de organismos internaciones.
Channeng, Kuní, Sor, Sophia o Kimlean son algunos de los jóvenes de entre 12 y 22 años, la nueva generación camboyana, que desde el mes de septiembre están realizando con el grupo «Tahen» la gira «Camboya más cerca» -actuaron la pasada semana en Madrid ante la Infanta Elena-, en la que interpretan bailes de su cultura, y que tiene como objetivo conseguir financiación para la construcción de un centro de acogida para menores y un comedor rural en la región de Battambang. Jóvenes que se encuentran sumidos en la pobreza, enfermos o mutilados, pero que han encontrado en la labor de Figaredo una nueva ilusión y fuerza para luchar en el día a día.
«Me gustaría pediros a vosotros, que tenéis posibilidades, que pidáis a vuestros amigos o a vuestro Gobierno que nos ayude a eliminar las bombas de racimo y las minas antipersona, porque hace que tanto nuestra vida como las de nuestras familias sea difícil. Doy las gracias a vuestro país, por ayudarnos, y por no permitir la creación de estas minas». Un emocionado Channeng realizó este llamamiento durante la actuación que estos jóvenes realizaron el lunes en el Centro Asturiano. Anoche estuvieron en el Filarmónica, y todos los espectadores que acudieron a verlos pudieron disfrutar de la ilusión de niños que a pesar de las dificultades «quieren mostrar al mundo sus costumbres y tradiciones, sus rituales de boda, siembra o la forma de usar el "kromá", su pañuelo típico», comenta Juan Figar, colaborador de Figaredo y uno de los responsables de la gira.