PEPE MONTESERÍN
De niño tenía una idea exagerada de mí mismo, y a tanto llegaba mi egolatría que pasé años con una palabra en mi boca: «Yo». Conjugaba los tiempos del verbo sólo con la primera del singular: «Yo amo, yo leo, yo escribo, yo nací en Pravia». Yo, sin duda; no como Beckett, que decía «yo» a sabiendas de que no era él. Yo, sin duda, como el «Quijote», que se sabía superior a los doce Pares de Francia y aun a los nueve de la Fama. Así fui: yo, mí, conmigo. Yo, sin mi circunstancia. Crecí, me empadroné en Oviedo y llegó la circunstancia: Gabino de Lorenzo; entonces comencé a decir: «Yo y Gabino». Conforme mi alcalde repetía sus éxitos electorales, hice un ajuste en mi expresión, que troqué por: «Gabino y yo». Pero después de que nuestro ingeniero de caminos declarara que su sucesor aún pasea en tacataca y que todavía no conjuga, únicamente digo: «Gabino».