David GONZÁLEZ
Aladino Gutiérrez Fernández no podía creer lo que estaba viendo. El pasado miércoles el conductor del autobús de la línea 3 de TUA le dejó en tierra, alegando que no podía subirle por «causas de fuerza mayor» que le impedían sacar la rampa mecánica para las sillas de ruedas.
Así es la historia que relata este vecino del barrio de San Roque de la localidad de Anieves, cercana a Tudela Veguín. Aladino, minero prejubilado de 62 años, se encuentra en un delicado estado de salud. «He pasado por siete operaciones en los últimos años», explica.
Desde que perdió sus dos piernas a causa de una enfermedad vascular, la vida de Aladino se ha convertido en una lucha contra las dificultades que le supone el tener que desplazarse en una silla. La diabetes que sufre y que le obliga a trasladarse continuamente a Oviedo para recibir tratamiento médico agrava aún más su situación.
El pasado miércoles, Aladino madrugó para coger el autobús a las ocho menos cuarto de la mañana. Tenía consulta en el Hospital de Oviedo a las nueve menos cuarto, y los coches de la línea 3 tardan cerca de una hora en realizar el recorrido entre Tudela Veguín y la capital. Aladino se dirigió a la parada. Para ello tuvo que atravesar un camino estrecho y mal asfaltado que une su barriada con Anieves.
Al tratar de subir al vehículo, se encontró con que la rampa no funcionaba. El chófer avisó al mecánico de la empresa, y finalmente consiguieron solucionar el problema, aunque con una media hora de retraso. «Cuando llegué al hospital, la diabetes se me había disparado», asegura.
Una vez realizada la consulta, Aladino se disponía a volver a casa. El conductor se negó a recogerle, y tuvo que esperar durante una hora al próximo autobús.
«Antes de comer tengo que medicarme, y no puedo tardar más de las dos», señala. Llegó a Anieves a las tres menos cuarto. Ésta no es la primera vez que Aladino se encuentra en una situación como ésta. TUA le habría negado el servicio, denuncia, hasta en siete ocasiones.
No sólo esto. Aladino afirma que también ha tenido que soportar reproches por parte de los conductores e incluso de otros pasajeros.
«Me recriminan las molestias que les causo por tener que moverme en silla. Esto no es justo. Han hecho que me sienta como si fuese un pasajero de cuarta o quinta clase», cuenta.
Su esposa, Reyes Díaz, que le ha apoyado en todo momento, denuncia la desidia con la que les han tratado algunos chóferes. Explica que, una vez, se vio obligada a sacar la rampa con sus propias manos, porque nadie les ayudó.
La empresa tampoco les ofrece soluciones que les parezcan aceptables. TUA le propuso a Aladino que les llamase cada vez que tenía que usar el autobús. Para él, esto no tiene sentido, porque no siempre puede saber cuándo estará en la parada.
Otras veces, el Ayuntamiento de Oviedo le ha pagado un taxi, pero ya no lo hace. Este ciudadano ha presentado una queja en la Oficina del Consumidor, que, según él, tampoco ha sido atendida, lo que hace que se sienta impotente y abandonado por las instituciones.
El jueves que viene, Aladino tiene que volver al médico, a las 9 de la mañana. Teme que no pueda llegar, que ni siquiera le permitan pasar de la marquesina.