SOR JULIA SANTAMARÍA BUENO
Profesora del Colegio de la Milagrosa
Javier NEIRA
El pasado jueves el almirante carbayón Alfonso Mosquera comentó en estas páginas que, de niño, le había dado clase en la Milagrosa sor Julia y que ahí seguía sesenta años después. Efectivamente, ayer LA NUEVA ESPAÑA entrevistó en el colegio de la calle Marqués de Pidal a sor Julia Santamaría Bueno, que pronto cumplirá 90 años, muy activa, llena de recuerdos y opiniones decididas y negando que fuese un hueso según dice la leyenda tan extendida por Oviedo donde sus alumnos se cuentan por miles.
-Toda la vida dedicada a la docencia en Oviedo.
-Llegué a este colegio en 1941 y aquí sigo. Llevo años ya sin dar clase. Al principio, cuando el colegio estaba en la calle Gil de Jaz, daba clase a los niños de ingreso. Después seguí con las niñas y más tarde, siendo el colegio mixto, a niños y niñas.
-¿Una profesora todoterreno?
-Los niños cuando hacían el ingreso iban al Instituto, a los Maristas o al Loyola. Daba clase de todo. No había especialidades. Clase de todo y con una enciclopedia. Sabían más que ahora porque estudiaban mucho más que ahora. Y con más disciplina. Los padres hacían lo que mandaba el colegio. Lo que dijeras se hacía. Si tenían que venir castigados un fin de semana, venían. No faltaba ninguno.
-Niños y niñas, ¿quiénes son mejores alumnos?
-Hay de todo, niños muy listos y otros no tanto. Y las niñas, igual.
-¿Y la materia más difícil?
-Las Matemáticas eran lo que más les costaba.
-Su orden, las Hijas de la Caridad, es premio «Príncipe de Asturias».
«Sí. Ahora en Oviedo estamos en este colegio, en el albergue Cano Mata, bueno lo acabamos dejar y dos hermanas se han venido aquí, al colegio, donde están muy contentas, y también estamos en la Cocina Económica. En Oviedo teníamos antes 14 casas, porque estábamos también en hospitales, sanatorios, el manicomio y la Cruz Roja. Y ahora sólo tres, dos casas y un piso donde están las hermanas que trabajan en el hospital.
-¿No hay vocaciones?
-Nada, ni una.
-¿Por qué?
-Eso nos preguntamos nosotras, ¿por qué?
-¿Compensa la vida religiosa?
-Sí, creo que sí.
-¿Por qué compensa?
-Es una llamada de Dios. Aquí estoy a gusto, contenta y satisfecha de lo que hago.
-¿Y la convivencia?
-Es difícil, también la de un matrimonio.
-¿Nunca la han trasladado?
-De toda la comunidad soy la única que siempre ha estado aquí.
-¿Por qué?
-Nunca me han dicho que cambiase. Si me mandan, voy a otro sitio, pero ya creo que estaré aquí hasta que me lleven al cementerio.
-Si no la han cambiado nunca quizá sea porque siempre dio buenos resultados.
-O porque no saben qué hacer con este trasto.
-¿Cómo eran aquellas aulas?
-Tenía noventa niños en clase.
-¿Cabían?
-Era muy grande.
-Utilizaría casi un látigo para manejar un volumen semejante.
-No, una chasca. Es como una castañuela con la que marcaba cómo debían dar sucesivamente la lección: chas, sigue tú; chas, sigue tú. Y seguían y sabían la lección como papagayos. Me jubilé a los 70 años.
-¿Y qué hizo?
-En la portería estuve muchos años para recibir a los niños. Pero me caí, rompí un brazo y tuve otros problemas. Ahora simplemente estoy en la comunidad.
-¿Cuántas religiosas son?
-En este colegio, 14.
-¿Y hace cuarenta años?
-El doble, 28.
-Su orden se empeña en muchas actividades.
-Haces lo que te mandan. Nunca me dieron a escoger.
-¿Por qué se hizo monja?
-Por vocación. Soy de El Perdigón, un pueblo de Zamora, pero en seguida fuimos a vivir a la capital. El noviciado lo hice en Madrid y mi primer y único destino, este colegio, adonde llegué en 1941.
-¿Qué recuerda de ese tiempo?
-Comíamos horrorosamente, la calle Uría y todo lo demás estaba destruido.
-¿Van a verla los antiguos alumnos?
-Muchos no, ni me conocen ni los conozco. Son más cariñosos los niños que las niñas.
-Se puede quitar más de veinte años, ¿cuál es su secreto?
-Para llegar bien a viejo hay que levantarse pronto, trabajar y utilizar sólo agua y jabón.
-¿Como cuánto de pronto?
-Antes, a las cinco. Ahora, a las siete menos cuarto.
-¿Qué hacían a las cinco de la madrugada?
-Rezábamos todo lo que había que rezar y oíamos misa antes de las clases. Estábamos continuamente trabajando.
-¿Su secreto como profesora?
-Los dividía en tres secciones. De más a menos en conocimientos. Si fallaban, bajaban; si estudiaban más, subían.
-Como en el fútbol, Primera, Segunda y Tercera.
-Se ponían más contentos cuanto subían a Primera.
-¿Lloraban al bajar?
-Ya lo creo.
-Así que usted era un hueso.
-Es que los hacía estudiar.
«Los niños antes sabían más que ahora porque estudiaban mucho más»
«Los padres hacían lo que mandaba el colegio, si un niño tenía que venir castigado un fin de semana venía»
«Las Hijas de la Caridad teníamos en Oviedo catorce casas, ahora sólo tres»