PEPE MONTESERÍN
Tardé en traerlo, y mira que me gusta el texo: sus raíces, ramas, hojas y semillas contienen taxina, bárbara para corromper la barriga y despacharnos presto al otro barrio. Como es tan longevo (vive dos mil años), nuestros ancestros los plantaban junto a iglesias, para medir la historia, y en los cementerios, de hecho las raíces del texo alcanzan las bocas de los muertos. Con su madera, dura y flexible, hicieron mangos de hacha y arcos las tribus de Cantu Berruga (en el Naranco, detrás del Cantu Los Texos), y eran de esa factura la ballesta del capitán Carpio (con calle en Oviedo) y el bordón de Alfonso II. El espacio alrededor de este árbol es fetén para conceyar, convocar andechas y sextaferias, pregonar, mitinear, sermonear, cortejar, merendar, contar, cantar, bailar, beber, desbeber y yacer, excepto echar la siesta; es su sombra tan vehemente que desguazaría nuestros sueños.