David GONZÁLEZ
El centro social de Pumarín se ha convertido durante este mes de agosto en una improvisada autoescuela. Allí acuden, los miércoles y los jueves por la tarde, sesenta conductores infractores que buscan redimir sus penas por medio de los talleres de educación vial que organiza la Asociación Destinada a la Investigación y a la Intervención Social (ADIIS).
Como explica una de las directivas de la organización, Tamara Álvarez, el objetivo del curso es concienciar a estos ciudadanos de la importancia que tiene cumplir las normas.
«Les proponemos ejemplos prácticos del tipo "¿realizarías un adelantamiento en un tramo en el que está prohibido para llegar al trabajo?"», explica Tamara.
Para los alumnos, este repaso a la legislación y a las señales de tráfico sustituye al cumplimiento de las condenas a trabajos en beneficio de la comunidad que les han sido impuestas por el juez. Algunos, como Benjamín y Vanessa, están allí por conducir sin licencia. La mayoría sobrepasó el límite de alcoholemia permitido y han sufrido la retirada del permiso de conducción por varios meses.
«No hay derecho. Por culpa de esto llevo siete meses en el paro», señala J. U., un camionero que fue despedido a causa de la pérdida del carné. Otros, como César González, denuncian una actuación abusiva por parte de la justicia. «Estaba en un bar. Tenía el coche en doble fila. La Policía Local vino a buscarme y me hizo soplar», cuenta.