PEPE MONTESERÍN
En el Madrid castizo, Joaquín, señorito que finge ser mecánico, y Ricardo, aviador con los pies en la tierra, pretenden a Ascensión, dueña de la floristería «La del manojo de rosas». Los dos capullos compiten en requiebros, pero ella, rica venida a menos, sólo se abrirá a uno de su clase. Cuando descubre el engaño de Joaquín, estudiante de familia acomodada (que suspendía Gramática por sus horribles laísmos: «Quiero decirla una cosa»), lo deja para irse volando con el otro. Pero las tornas cambian; tras un pleito que ganó su padre, ahora Ascensión está subidina, en honor a su nombre, mientras que el padre de Joaquín ha quebrado, viéndose éste, ahora sí, obligado a trabajar en el taller para pagarse los estudios. Ella, entonces, manda al aviador a tomar vientos y elige al pringado, a pesar de los laísmos; es mal mecánico y mal estudiante, pero canta muy bien.