Oviedo, Cecilia SÁNCHEZ
Una caída aparatosa con graves consecuencias. Una mujer de 85 años permanece ingresada en la uvi desde el pasado jueves a causa de las heridas que sufrió al tropezar con una baldosa suelta de la calle Víctor Quintanar, junto al Colegio de La Ería, y golpearse la cabeza contra el suelo. El accidente sucedió en torno a la una y media de la tarde del pasado 3 de septiembre. La mujer caminaba con muletas.
José Manuel Antón se encontraba en el bar adyacente al lugar del suceso. Su relato a LA NUEVA ESPAÑA es espeluznante: «Oímos un ruido sordo y un grito patético que procedía del exterior». Junto con otros clientes del bar, Antón salió a la calle y se encontró a la mujer -que había perdido el conocimiento- «completamente pálida y con la cabeza abierta». En el suelo se había formado «un enorme reguero de sangre» y había restos de dientes y cabellos esparcidos a su alrededor. El testigo lo resume así: «Lo que vimos nos sobrecogió».
Tras llamar al 112, acudieron al lugar del accidente la Policía Municipal y una uvi móvil. La mujer, una vecina de la Argañosa llamada América, había tropezado con una baldosa suelta y como consecuencia del impacto le había dado un paro cardiaco, por lo que el personal sanitario tuvo que utilizar un desfibrilador para reanimarla. Antón indicó que «a las cuatro y media, y en vista de que no era posible la reanimación, la introdujeron en la ambulancia y la llevaron al Hospital». La anciana vive sola, con una sobrina como única familia.
Lola González, propietaria de una peluquería de la zona a la cual solía acudir la mujer, señaló que la señora tenía problemas para andar -«arrastraba mucho los pies y llevaba un bastón»- y no era la primera vez que se caía, «pero nunca tan fuerte».
No es la primera vez que se producen caídas en la zona. El personal del bar El Bosco, el local donde se encontraba José Manuel Antón en el momento de los hechos, denuncia el mal estado de la calle, que cuenta con una rampa para minusválidos pero no se puede utilizar porque está permitido que los coches aparquen justo delante, de tal forma que queda poco espacio para pasar. La acera -que fue reparada «el mismo día o al día siguiente», según Lola González- es estrecha, tiene grietas, baldosas rotas y otras «remendadas».
A estos hechos hay que añadir que la calle es de doble sentido y en la zona viven multitud de vecinos mayores, de ahí que la caída de esta mujer no sea una novedad, aunque sí la más grave que se ha visto hasta ahora. La camarera de El Bosco señala que hace poco tiempo «se cayó otra señora mayor y se abrasó, se rompió un brazo».