PEPE MONTESERÍN
En Almuzara, en el campamento de Acción Católica, Ángel del Alcázar, a la vera del Torío, rezábamos «La salve», a finales de los cincuenta; clamábamos a la Virgen los desterrados hijos de Eva. Con la OJE, en los sesenta, en el Rey Pelayo, cerca de San Martín de la Tercia, aguas arriba del río Rodiezmo, entonábamos «Cara al sol», al paso alegre de la paz, en busca de rosas para las flechas de nuestro haz. En Rodiezmo, canta el SOMA «La Internacional»: «¡En pie, famélica legión! Es el fin de la opresión; del pasado hay que hacer añicos. Ni en dioses, reyes ni tribunos está el salvador. La ley nos burla y el Estado oprime y sangra. Basta de tutela odiosa...». Y todo al otro lado del Pajares, en torno a Villamanín, donde enviamos a nuestros hijos en verano. Como con la central nuclear de Golfech, en Francia, a orillas del Garona, buscamos la energía al otro lado de la frontera.