DIEGO DÍAZ
Llegamos al ecuador del festival mateíno de teatro y todo parece indicar que hemos tocado fondo, o eso espero, ya que «Felices 30» convierte al mismísimo Antonio Ozores en un maestro del humor inteligente y la experimentación teatral. Perdóname, Antonio, por la crítica del otro día. Esto es muy grave. Vayamos por partes.
Conceptos clave del espectáculo que ayer y antes de ayer se representó en el teatro Filarmónica de Oviedo: «cincuentón de buen ver en apuros», «chica guapa insatisfecha con su matrimonio», «calendario erótico», «travestismo», «discriminación positiva», «lencería», «calentón», «treinteañeras salidas»? Pues bien, todo esto, agitado, o mejor dicho, mareado, en la coctelera del autor, Eduardo Galán (que, por cierto, llegó a subdirector nacional de Teatro entre 1996 y 2000), y del director, Mariano de Paco Serrano (definido como un hombre «eminentemente culto» en la web del espectáculo), dan como resultado un infame combinado de tópicos, situaciones mil veces vistas, torpeza escénica y bromas fáciles, en el que no se salvan ni unos decorados que parecen salidos de la grabación del episodio piloto de una sitcom para Tele Alpedrete.
Un ejecutivo en crisis llamado Olimpiades Pequeño Bobo (parece que los chistes sobre nombres jocosos están pegando fuerte estos días) tiene que convertirse en Olimpiada Pequeña Boba para acceder a un trabajo reservado a mujeres. Personalmente, tras joyas del subgénero «tío en apuros necesita travestirse», como «Tootsie» o «Con faldas y a lo loco», pienso que no era necesario ahondar en el tema, pero, si por alguna razón los amigos Eduardo Galán y Mariano de Paco Serrano querían volver a ello, no era inevitable ser tan zafios. Sin ir más lejos, el fin de semana pasado Verónica Forqué y Miguel Narros nos daban una lección de teatro comercial, sin grandes pretensiones, pero resuelto con gracia y estilo.
Si es usted de la gente que se ríe automáticamente al ver a un hombre disfrazado de mujer, tal vez «Felices 30» pueda complacerle. Si le pide un poquito más al teatro (y a la vida), le recomiendo que coloque a los responsables de esta chapuza en su lista negra teatral.