Pablo GALLEGO
Algunos de los asistentes al estreno de la 62.ª temporada de la Ópera de Oviedo achacaron «al cambio climático» el calor de la tarde de ayer. Los escotes dejaron los abrigos y las estolas de piel en el fondo del armario, y la plaza frente al teatro se convirtió en punto de encuentro no sólo para los abonados de la primera función. Parte del universo político local y regional se dejó ver en el Campoamor para demostrar su apoyo a la temporada ovetense de ópera.
El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, llegó acompañado por su mujer, Soledad Saavedra, y la consejera de Cultura, Mercedes Álvarez, por su pareja, Sergio Álvarez. Antes de acceder al teatro posaron para los medios junto al eurodiputado y ex alcalde de Oviedo, Antonio Masip. Como anfitriones, Jaime Martínez, presidente de la Fundación Ópera de Oviedo, y su esposa, Susan Schmickrath.
Areces, Álvarez y Saavedra ocuparon un palco próximo al municipal. Al otro lado de la herradura del teatro pudo verse al consejero de Infraestructuras, Francisco González Buendía, y al presidente del Consejo Social de la Universidad de Oviedo y ex consejero de Salud, Rafael Sariego. El actual, Ramón Quirós, faltó esta vez a su cita con la ópera asturiana, que sí contó con el director general del teatro del Liceo de Barcelona, Jean Francesc Marco.
Pero ayer todas las miradas estaban puestas en el palco del Ayuntamiento de Oviedo. En un lugar de honor, junto a los responsables de la temporada lírica y al lado de la esposa del Alcalde, Rita M.ª Álvarez, el escritor y «showman» Boris Izaguirre pudo disfrutar de, la que asegura, es una de sus óperas favoritas, «Ariadne auf Naxos». No obstante, quienes no pudieron abordar al venezolano en su entrada al teatro y confiaban en hacerle una foto con el móvil durante el receso después del prólogo, se quedaron con las ganas. Izaguirre no abandonó el antepalco privado durante todo el descanso y al terminar la función quienes le perseguían dicen que salió por la trasera del Campoamor.
La representación municipal se completó cuando ya sonaban las primeras notas de la obertura de «Ariadne» con la llegada al palco de Gabino de Lorenzo, ausente hasta ayer por asistir en Segovia a una reunión de alcaldes del Partido Popular. Aquí sí que no hubo «cambio climático», que dirían los acalorados fieles al Campoamor. Porque Ayuntamiento y Principado apoyaron con su presencia la apertura de una nueva temporada de ópera en Oviedo, y ya van sesenta y dos, pero por separado.