PEPE MONTESERÍN
Ariadna, hija del rey Minos, se fue de Creta con un matador de toros, Teseo, después de que éste hiciera una faena de dos orejas y rabo en El Laberinto, del que nadie salía vivo. De luna de miel viajaron por Milos, Séfiros, Mikonos, Paros y Naxos, adonde llegó Ariadna muy embarazada, y ahí la dejó Teseo, con la excusa de buscar una comadrona en Santorini. Parió Ariadna sin que llegaran la comadrona ni Teseo y, desde entonces, se quejó amargamente en todos los medios informativos de cómo el matador abandonó a su hija, no asistió al bautizo, a sus cumpleaños, a su primera comunión... Estos días lo canta todo en el Campoamor: «Fue algo hermoso, llamado Teseo-Ariadna, ¡y estuvo en la luz y gozó de la vida! ¿Por qué lo tengo presente? ¡Quiero olvidar! Es una vergüenza estar tan trastornada». Magnífica el aria: «Yo por mi hija mato, nunca me lucré con ella».