«¡Marta, estás puesta!». En cualquier caso, se notaba que Melendi jugaba en casa: desde la plaza volaban piropos -correspondidos por el propio artista, que dedicó un «Sois la hostia» a los presentes-, cánticos e incluso una camiseta del Real Oviedo que aterrizó en el escenario.
«Con la luna llena» aparecieron las primeras gotas de la amenazante lluvia, que no sólo no amilanaron a los presentes -algunos subidos incluso a los andamios del Museo de Bellas Artes- sino que cosecharon gritos de «¡que cierren los paraguas!».
El momento flamenco tampoco pudo faltar: mientras los miembros de la banda tomaban asiento, uno armado con la guitarra y el otro tocando palmas, Melendi sirvió unas cañas en una barra que destacaba como el único elemento interesante de la puesta en escena, que dejaba bastante que desear -especialmente las proyecciones en la pantalla-.
Después de desgranar más temas de su último disco -«Los premios pinocho», «Como una vela»- Melendi se permitió homenajear a Víctor Manuel con una versión de «Sólo pienso en ti», después a «Extremoduro» y por último a su tierra natal, ya en los bises, con un «Asturias» que sembró la emoción en todos los presentes. Un paisano afirmaba: «Si hay que sacar el mechero, ¡yo lo saco!, eh?».
Rondaba la medianoche y ni el cantante ni el público daban muestras de flaqueza. En total, hubo dos bises, en los que se combinaron algunas de las canciones insignia del artista -el ya citado «Asturias»- con un popurrí del primer disco encabezado por «Mi rumbita pa' tus pies» y, para cerrar, el cañero «Vuelvo a traficar». El grito «Puxa Asturies, señores, somos los mejores» puso punto final a la actuación.