Marta PÉREZ
Concierto gratuito de Melendi en la Catedral. Lleno absoluto. Minutos antes de la actuación, a las diez, en la plaza no cabe ni un alfiler. Los voluntarios de Protección Civil se ponen en lo peor. «Es una ratonera. Si al Melen le da por tirar toallas o camisetas se arma: una avalancha». Son los temores de Pedro Álvarez -nombre falso por motivos personales- voluntario desde hace una década. Sus presagios no se confirmaron, aunque mientras duró el concierto, en el hospital de campaña instalado en los jardines de los Reyes Caudillos, junto a la Catedral, no faltó el trabajo.
Alejandra Méndez (22 años, maestra) y Bibiana Peón (19 años, estudiante) están al frente de un equipo de 22 voluntarios. Su sueldo: un bocadillo de calamares. No tienen enlaces de radio, usan su móvil personal. Tampoco ambulancia para trasladar a posibles heridos. Pero ahí están todos, al pie del cañón.
Pregunta para entrar en materia: ¿Cómo os abrís paso entre la multitud para atender un desmayo, una lipotimia...? Pedro Álvarez ha enseñado a todos los chavales del cuerpo la técnica del codo: «tienes que entrar con el codo por delante, te proteges del golpe y a la vez te abres sitio», explica. Luego aclara que no es aconsejable ponerla en práctica sin la garantía de un uniforme. Aunque a Jorge Vigil, otro voluntario, de poco le sirvió el uniforme en los conciertos de hip hop de San Lázaro, el año pasado. «Uno que me tenía manía, viome de Protección Civil y cascome».
Las anécdotas se van sucediendo entre mordisco y mordisco al bocata. Cuenta la última Álvarez, el veterano. Concierto de Calamaro en San Lázaro. Alguien se le acerca por detrás: «Che, pive, ¿puedes mirarme esto?». Era el viejo Andrés, que se había hecho un corte en la tibia. El anecdotario se interrumpe a las once, con la primera alerta. Cerca del escenario hay unas luces descolgadas al alcance de la gente. Llamada a la Policía. Ya están al tanto, pero no pueden intervenir. Que vaya bien. Veinte minutos después los voluntarios del foso alertan de un ataque epiléptico. Una joven llega en camilla al hospitalillo. La ponen de lado para que vomite y le colocan una cánula para que no se trague la lengua. Una ambulancia de la Lila la traslada al Hospital.
A las 23.30 aparece la segunda «clienta» de la noche. También una joven, esta vez con una crisis de ansiedad. Le aconsejan respirar profundo y le dan conversación: «No quiero ver más a Melendi», responde ya más tranquila. A las 23.50 se forma un revuelo de gente a escasos metros del hospitalillo. Los voluntarios van a ver que pasa. Un tipo está pegando a una chica. Protección Civil interviene pero ella dice que todo está bien y se van juntos. A las 00.05 tienen que asistir a una indigente que se ha golpeado en la cabeza tras discutir con los clientes de una terraza. El final del concierto lo remata una luxación de hombro. El herido se asusta un poco al ver las luces de la ambulancia que lo va a trasladar. «¿Tanto espectáculo?», dice. Le responde Vigil: «Sí es lo que mola».