PEPE MONTESERÍN
Guiado por Alfonso Millara, visité Tito Bustillo; un completo por el Paleolítico, a la vera del sumido y algo sucio río San Miguel. Accedí por la entrada primitiva, la occidental, vi moluscos en la cocina, imaginé el colgante con forma de cabra, esculpido sobre hueso, que algún día veremos en el MAO, si lo abren al culto; la Galería de los Caballos, un envase Danone, que metió el río; escuché el Litófono, goce el Camarín de las Vulvas, me orienté con el mapa rupestre más antiguo del mundo por un recorrido alucinante entre estalactitas, estalagmitas y goteras que gotean desde que llueve en Ribadesella, y salí por el fondo, donde se perforó el túnel para que, en su día, penetraran los Seat 600 a las entrañas magdalenienses. Vi también, en un charco, burbujas y cercos que denuncian la impureza de un entorno humano que el Principado debe preservar para la Humanidad.