DAVID ORIHUELA
Lo de la Pantoja no tiene nombre. Sobrepasa la primera acepción de éxito del Diccionario de la Real Academia Española: «Resultado feliz de un negocio o actuación». No hay duda de que el resultado del negocio ha sido feliz para la SOF, para la Pantoja y, en especial, para los espectadores que la noche del lunes llenaron por millares la plaza de la Catedral en el concierto de despedida de las fiestas de San Mateo 2009. Fue el cartel más criticado cuando se presentó la programación y también fue el que más público congregó. Pero fue algo más que un simple éxito. Hubo hasta desmayos.
La última noche mateína fue la noche coplera, y la sevillana no escatimó ni esfuerzo ni tiempo. El concierto se prolongó casi hasta las dos horas y media, cuando los horarios mateínos marcaron que todos los grupos tocaban durante una hora y media.
Isabel Pantoja lleva desde hace años el sobrenombre de «reina de la copla», y el lunes reinó en la Catedral. Abarrotado estaba aquello de fieles incondicionales.
El concierto fue lo que esperaban y deseaban los que allí acudieron. Un repaso a toda la carrera, más que dilatada, de Isabel Pantoja. Las canciones más populares se dejaron oír desde el principio para solaz del público, que las coreó.
La tonadillera sabe lo que se hace y también cuándo debe remarcar un verso, cuando todo el mundo piensa en Julián Muñoz, en los rollos del «cuore» y hasta el las historias judiciales. Lanza besos, abrazos y saca garra. También lanza piropos a la ciudad (dicen los que la tratan, que muy sinceros) e incluso a sus teloneros. A Diana Navarro, más que digna sucesora, le dedicó una canción.
La Pantoja fue una apuesta personal de Gabino de Lorenzo, y ahora el Alcalde se puede apuntar el éxito del concierto. Alrededor de 10.000 personas en una noche de lunes no está mal para cerrar el programa de las fiestas de San Mateo-09.
De todos modos, en el diccionario de sinónimos no se equiparan los términos éxito y calidad.