Javier NEIRA
La conferencia fue una lluvia de sugerencias. Ricardo López Pacho, doctor en Historia y autor del estudio «¿Santa María de Naranco o Santa Cruz de Naranco?», analizó el templo ramirense desde una múltiple interpretación personal, verdaderamente revolucionaria y cargada de interés. Durante más de una hora expuso sus hipótesis, tesis e intuiciones ante un público que prácticamente llenó el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA. Por algo la conferencia se titulaba «Una nueva lectura de Santa María del Naranco».
López Pacho indicó que el edificio se debe realmente a Alfonso II, con lo que adelanta casi medio siglo su construcción. No es un palacio al uso, sino un espacio sagrado desde el que se despedía a los ejércitos que partían a la guerra contra los musulmanes y donde asimismo se los recibía cuando regresaban.
Para asentar sus tesis se refirió al templo toledano donde antes de la invasión islámica se realizaban esos mismos ejercicios áulicos y religiosos y también citó textos leoneses. López Pacho indicó asimismo que muy probablemente «existió un primer Oviedo, en el Naranco, a tres kilómetros del actual, dedicado a lo sagrado, como sucedía con las acrópolis de las ciudades antiguas».
El conferenciante subrayó en esa misma línea que el contiguo templo de San Miguel está dedicado al arcángel que cuida la ciudad de Dios, la nueva Jerusalén, y apuntó la posibilidad de que la Cruz de los Ángeles -la cruz de Alfonso II- esté relacionada con el Lignum Crucis, la cruz de Cristo encontrada por Santa Elena, madre del emperador Constantino.
López Pacho describió cómo sería la ceremonia de partida de los guerreros: ante un mirador de Santa María del Naranco, que considera escenario más que mirador, se reunía una gran cantidad de soldados. En el mirador-escenario, el rey, el obispo y los clérigos. Después de una ceremonia de entrega de la cruz partían todos en procesión al menos durante un kilómetro.
Presentó al conferenciante Javier Rodríguez, director del Club, quien destacó los trabajos de López Pacho sobre el Románico, así como su condición, hace cinco décadas, de profesor del Colegio Auseva de Oviedo.