PEPE MONTESERÍN
El domingo 13, llegué tarde al Paraguas, no digamos hoy, con esta reseña; ya había intervenido «Son Flamenco», pero admiré la actuación mateína de los guitarristas Manu León (hijo de nuestra Rosa Lobo) y Carlos Piñana, la percusión de Orengo, el cantaor Curro Piñana, la invitada, Laína Cores (contralto en la coral de Aparejadores, «Bloque al Canto») y la bailaora murciana Nadia Márquez. A Nadia la vi en Madrid, cuando aún no tenía ella veinte años, en el barrio de Lavapiés, en Casa Patas, entre columnas de hierro fundido y capiteles corintios. Unos tacos de jamón, copas de manzanilla y allá bailaba, al fondo del comedor, en el tablao, dando la pata, bien dada, bien esparramada. Así en Oviedo: con genio, revoleo, rizando el compás, jonda, como las minas de la Unión, impulsiva y sensible, recia y donosa, jaleada por el cuadro. ¡Ole y ole! Camarero, ¡otro cubata!