PEPE MONTESERÍN
Fui a un hospital a visitar a un amigo, ingresado por problemas de vejez pero con mucho sentido del humor. En su habitación 321 me contó que como no dormía bien solicitó que le administraran medio válium con el fin de conciliar el sueño. Le dijeron que sí y, al llegar la noche, cenó su sopita, leyó un poco y, con las mismas, se acostó; pero tardaba mucho la enfermera y se quedó transpuesto. A las tantas llegó la sanitaria, lo agarró del brazo y, como es costumbre en este gremio, lo tuteó: «¡Oye, despierta, que te traigo el válium!». «Mira, Pepe», me dijo él, «estoy deseando que la señorita, por una noche, se olvide de la dichosa pastilla y así poder dormir de arreo». Esto me recuerda a los tributos; sé que exagero y no quiero ser injusto, pero a veces para ayudarnos con pequeñas subvenciones nos brean a impuestos. Casi prefiero que no me traigan la pastilla.