PEPE MONTESERÍN
El jueves visité el Senado, en Madrid, que no deja de ser una parte de Asturias, puesto que, en concurrencia con el Congreso de los Diputados, nos representa. Entré por Bailén, 5, al ex convento de agustinos calzados, contemplé el palacio renacentista y neogriego y vi lo que pude; gente poca. Recorrí el antiguo salón de plenos, el nuevo, en hemiciclo, el salón de los Pasos Perdidos? Nadie. ¿Desde dónde controlan al Gobierno nuestros enviados? Paseé por el patio de Naranjos, la sala de tapices, la Pinacoteca y la Biblioteca gótica, con servicio de prensa diario, en el que no faltaba nuestro periódico: «Señal de que hoy no vinieron los senadores asturianos», me dijo un conserje. Piqué por los despachos y sólo atiné con Fraga, en el número 21.056; sí, todavía estaba allí, que diría Monterroso. ¡Diosle! Ahora caigo en la cuenta de un sitio clave, que no visité: ¡la cafetería!