CARMEN RUIZ-TILVE
El Campo San Francisco, jardín particular de todos los ovetenses y en otro tiempo frondosa huerta de los frailes franciscanos, está fuertemente ligado a la historia local y fue escenario de múltiples acontecimientos, felices y desgraciados, y ahora mismo es terreno propicio para fiestas a fecha fija.
Perdido el convento y la presencia de la orden franciscana aquí, tiene Oviedo hermosa calle para el santo, que encamina hacia la Catedral y se documenta desde el siglo XIII, cuando todavía se llamaba calle del Campo. En 1412 aparece como Campo de los Hombres Buenos, y en el siglo XVII se edifica, en el número 5, la capilla y el hospital de San Sebastián, que tuvo hasta su enajenación en 1839 pórtico y verja a la calle y tiene mucho que contar, pero ésa no es nuestra historia de hoy. Todavía mantiene parte de su buena factura en el pasaje que conduce al jardincillo de la Universidad que llamamos Sevilla, al lado de Recoletas.
Es vieja costumbre la de desvestir un santo para vestir otro, y eso en el callejero se aplica, y más que se aplicó, quitando nombres clásicos, para dárselos, con oportunismo, a otros. Y eso le pasó a la de San Francisco, cuando el municipio, sin contar con la generosidad y la bonhomía del santo, le dio su hermosa calle a un prócer local, don José Tartiere. Efectivamente, por acuerdo municipal de 2 de octubre de 1903, en fechas franciscanas, se le quitó el nombre de San Francisco a la calle y así estuvo hasta que el 11 de febrero de 1937 se restableció, a pesar de lo cual todavía en los años cincuenta del siglo XX se mantenían en la calle placas con el nombre del prestigioso industrial y mecenas, que bien merece calle en otro lugar de la ciudad.
Entre las muchas cosas que vinculan a Oviedo con San Francisco y su Campo, no es lo de menos la historia del Carbayón, que habiendo sido uno más de los robles varias veces centenarios que formaban parte del Campo cuando éste era mucho mayor, pasó a ser símbolo de muchas cosas, como mártir en beneficio de la calle de Uría y el cambio de talante de la ciudad. Fue derribado precisamente con la fecha de San Francisco, yaciendo en tierra el 4 de octubre de 1879, hace justamente 130 años, en larga y conocida historia que nos hizo carbayones.
En el lugar exacto en el que estaba hay ahora una placa, obra de Paulino Vicente, que recuerda aquello en letras de bronce. Pasamos sobre ella, a la altura de las primeras casas de Uría por los pares, sin reparar en su belleza y significado y, lo que es peor, sin lamentar su estado, que merece cuidadosa reparación.