Pablo GALLEGO
El amor y la muerte fueron ayer protagonistas en el estreno de «Tosca». El drama de esta ópera de Puccini, una de las reinas del repertorio más tradicional, fue acogido con frialdad por el público. El estado vocal del tenor Roberto Aronica, que subió a escena a pesar de sufrir un proceso faringolaríngeo agudo -según informó por megafonía la regidora minutos antes del inicio de la función-, lastró el desarrollo de uno de los títulos que más atraen al público del Campoamor.
En una producción de corte clásico inspirada en los días previos a la invasión nazi de Roma en 1943, los otros dos protagonistas, Hasmik Papian, como Tosca, y Juan Pons en el papel de Scarpia, llevaron el peso de la función. El barítono mallorquín sumó una nueva función a sus ya más de 400 interpretaciones del malvado jefe de la policía vaticana, al que Pons cede, sobre todo, su gran presencia sobre el escenario.
Comprometido con el público del Campoamor en la noche del estreno, Aronica quiso aguantar hasta el final las más de dos horas de música que componen «Tosca». Su primera aria, «Recondita armonia», fue, de hecho, la única que consiguió que se escuchasen algunos bravos desde las butacas. Aun así, el tenor José Ferrero, que interpreta el mismo papel en la función del día 16, llegó a estar preparado entre bambalinas para sustituir al italiano.
La Floria Tosca de Hasmik Papian fue la «femme fatale» ideada por el director de escena Jonathan Cocker, que revivió en Oviedo una producción original de la Ópera de Escocia del desaparecido Anthony Besch. La soprano armenia, experta en interpretar a la heroína pucciniana, se creció en el segundo acto y sus escenas con el barón Scarpia elevaron la calidad de la función.
El asturiano Miguel Ángel Zapater como Angelotti y Luis Cansino en el papel del sacristán completaron los principales papeles del título, el segundo de la Temporada de la Ópera de Oviedo, patrocinada, entre otras instituciones, por LA NUEVA ESPAÑA. En el cómputo global de la fría noche del estreno, la música de Puccini fue la verdadera triunfadora y quizá la única en transmitir el desgarro y la pasión propias de la «Tosca». La orquesta «Oviedo Filarmonía», dirigida con intensidad por su titular, Friedrich Haider, y el Coro de la Ópera de Oviedo, con Patxi Aizpiri, se llevaron la mayor parte de los aplausos.