PEPE MONTESERÍN
En la segunda función Tosca ya no está enamorada del italiano Aronica, fusilado en la primera, sino de Ferrero, de Albacete, al que, por supuesto, también pasaron por las armas en la ópera del domingo, y será sustituido por el asturiano Roy, a quien no le arriendo las ganancias. Desgasta el rol del pintor Cavaradossi, no tanto el de los otros muertos: Angelotti, el bonapartista, se suicida entre bambalinas; el cuchillo de Tosca no atraviesa el durísimo corazón de Scarpia, jefe de Policía, y ella, desde las almenas de Sant' Angelo, se tira a un colchón que sujetan los bomberos en la calle Diecinueve de Julio. En cambio, va a ser cierto que, como pretendía Scarpia, la munición de los fusileros del Coro no es de fogueo. De morirse fue la cola que sufrimos los espectadores al salir del Campoamor para recoger el coche en el parking de la Escandalera, con dos taquillas de fogueo.