PEPE MONTESERÍN
Bien la fotografía e infografía del «Ágora» de Amenábar, el resto de la superproducción es superpelma, y me atrevo a decirlo ahora que Cova, la de Espeso, ya fue y no se la chafo. Como me dijo su esposo: «No emociona». Me importó poco que los cristianos se cargaran la Biblioteca de Alejandría, poco que asfixiaran a Hipatia y poco que comieran palomitas a mi lado. Mucho cartón piedra y cero emoción. El larguísimo metraje no contagia interés ni por las insinuadas historias de amor, frustradas, ni por la, menos que mediocre, actuación de Rachel Weisz, Max Minghella y Oscar Isaac, sosísimos, ni interés por el círculo, la elipse ni la astronomía. Tampoco es contundente su crítica, contra el fanatismo, en un infantiloide tócame Roque entre paganos, parabolanos y judíos. Me quedo con la escena final, cuando se encienden las luces de la sala y salgo a cenar.