PEPE MONTESERÍN
Me contaron, vete a saber, que un parado se presentó en la oficina de empleo, en Martínez Cachero, 17, y dio con este anuncio: «Se solicita asistente para ginecólogo». Le informan de que el trabajo requiere preparar a las damas antes de pasar al especialista; desnudarlas, lavar con delicadeza sus partes íntimas, rasurarles con mimo el vello púbico, untarles con aceites ingles y senos y, si acaso, recitarles a Juan de la Cruz: «Mis ojos sólo para ti quiero tenellos», «entreme donde no supe y quedeme no sabiendo», etcétera. -Pero se ofrece un sueldo de apenas mil euros -le dice el funcionario-. -¡Me interesa! -Entonces tiene que ir a Pravia. -¡No hay problema! Trabajar en Pravia, al aroma del heno y entre kiwis, es aún mejor que hacerlo en esta capital. -¡El trabajo es aquí, en Oviedo, gilipollas, lo que pasa es que la cola de solicitantes ya va por Pravia!