Luján PALACIOS
Los tres mendigos acusados de secuestrar a un toxicómano y darle una paliza negaron ayer los hechos y aseguraron que el denunciante, L. G. F., había robado a uno de ellos y les debía dinero por la venta de «un par de papelinas de cocaína adulterada».
El juicio se celebró ayer en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, y acusados y víctima ofrecieron un relato completamente diferente. L. G. F., que se encuentra en la prisión de Villabona cumpliendo pena por otros delitos, aseguró ante el juez que el 19 de enero de 2008 se encontraba durmiendo en una casa abandonada en la calle Madreselva de la Tenderina cuando fue abordado por dos de los acusados: F. G. F. y T. M. X. C.
Según su versión, los dos hombres le subieron a un coche a punta de navaja, lo ataron de las manos hasta el cuello para inmovilizarlo y lo trasladaron hasta una mueblería abandonada en la calle Tenderina, donde lo ataron a un poste y lo apalearon durante unas dos horas. La tercera acusada, A. M. G., también acudió a la mueblería, pero no habría participado en la paliza, tal y como indicó L. G. F. , que tardó varias horas en cursar la denuncia, «hasta que mi madre me cogió y me llevó al médico», afirmó.
El denunciante negó que conociera a los acusados y aseguró que nunca había estado en su casa. Sí reconoció que padece una toxicomanía y que tiene antecedentes por robo en varios establecimientos.
Sin embargo, los otros tres mendigos indicaron que habían mantenido con él una relación por medio del «trapicheo» de drogas. T. M. X. C. aseguró que el joven les había vendido a él y a su pareja, la mujer acusada, un par de papelinas de coca supuestamente adulterada, pero que «nunca le reclamamos los 45 euros que costaron porque no nos hacían falta».
El otro acusado, F. G. F., que también se encuentra en prisión por otra condena, relató cómo conocía a L. G. F. porque había entrado varias veces en su vivienda para robar. El día 19 de enero de 2008, según indicó ante el juez, lo pilló de nuevo en casa robándole y comenzó a atizarle con un palo. La víctima habría intentado huir saltando a un patio, pero F. G. F. consiguió reducirlo atándole las manos con un trapo. Según su declaración, llamó a sus vecinos, los otros dos acusados, para que lo ayudaran. En medio de la refriega, L. G. F. les pidió que lo llevaran a casa de su novia para pagarles lo que les debía, tanto por la venta de droga como por los efectos que había robado en casa de uno de los mendigos.
Los acusados negaron que lo apalearan y aseguraron que simplemente lo llevaron a casa de la novia y que no consiguieron el dinero, tras lo que lo dejaron en libertad.
El fiscal pide tres años de cárcel para cada uno de ellos, mientras que la defensa solicita la libre absolución porque «todo responde a una invención» por parte de L. G. F.