PEPE MONTESERÍN
Llegó una pobre mujer a la celda de fray Benito Feijoo y le dijo: «Padre, todo me sale mal, y encima acabo de traer una criatura al mundo». «Mujer, bendice a Dios que ha hecho tanta bondad dándote una nueva vida que alegrará la casa». «¡Ya tengo diez hijos!», puso ella el grito en el cielo, «y la casa es muy pequeña». «¿Cómo se las arregla para criar tantos hijos?», preguntó nuestro benedictino. «Tenemos una cabra con cuya leche alimentamos a los pequeños y aún nos sobra algo para hacer queso». «¿Dónde tenéis la cabra?». «En casa». «Pues vete y sácala al patio». Obedeció la mujer y volvió a los pocos días: «En verdad, es justa la fama de santo que tenéis; sacamos a la cabra y ahora todo es una balsa de aceite, hasta la casa parece más grande». No sé si comparar a la cabra con la financiación irregular de los partidos políticos o con algunos políticos irregulares.