Chus NEIRA
El Ayuntamiento de Oviedo confirmó esta semana que este año no se convocará el premio «Tigre Juan» de narrativa, un galardón que, nacido en manos privadas en 1978, se había mantenido bajo tutela municipal desde 1986, y sumaba ya treinta ediciones consecutivas.
El premio nació en la agitada vida cultural ovetense de los primeros años de la transición, cuando al casco viejo de la ciudad empezaron a brotarle locales como El Paraguas, La Regenta, El Ñeru o Tigre Juan. Belarmino Álvarez Otero era socio de éste último y también de La Regenta. Ambos locales se inspiraban en la tradición de «la bien novelada» ciudad de Oviedo, homenajeando a las obras de Pérez de Ayala y Clarín.
Los orígenes. Instalado en el número 16 de la calle Mon, escaleras abajo, un grupo de parroquianos del pub Tigre Juan había tomado la decisión de impulsar desde allí la concesión de un premio literario para textos narrativos inéditos. Entre los padres de la idea figuran Juan Benito Argüelles, Pipe Grossi, Jaime Herrero, Juan Cueto, Enrique Navascués o Manolo Avello, según ha relatado al recorrer la historia del certamen Lola F. Lucio, que también se sumaría a aquella iniciativa.
En su primera edición el «Tigre Juan» de novela corta, que así se llamó para redondear el homenaje al pub y al escritor, estaba dotado con cien mil pesetas, que patrocinaba el propietario del local, Belarmino Álvarez Otero. Se concedió el 15 de abril de 1978 al psiquiatra José Luis Mediavilla por «Jonás», en el transcurso de una cena en Trascorrales. El jurado lo presidía el profesor Emilio Alarcos Llorach, que desde el primer momento extendería su padrinaje al galardón, sumaría adeptos y jurados y permanecería en ese puesto presidencial hasta su triste fallecimiento en enero de 1998. El ganador de aquella primera edición también se incorporaría al equipo de jurado, siendo él y Juan Benito miembros fijos del equipo hasta el año 2000, en que abandonan el certamen.
La primera época. Hasta 1990, es decir, durante doce años, el «Tigre Juan» se concedió a novelas inéditas, que luego publicaba Silverio Cañada en Júcar. Algunos de estos premios, como sucedió con Carmen Gómez Ojea (1981) o con Luis Sepúlveda (1988) tuvieron el acierto de ser los primeros en descubrir nombres importantes en el panorama narrativo en castellano. Durante estos años el «Tigre Juan» tuvo que buscar diversos patrocinadores para sobrevivir. Así, Alfredo Quirós, desde la librería Cervantes, tuvo que apadrinar el galardón en su tercera edición, y el Centro Asturiano le daría el relevo y sería el patrocinador hasta su octava edición. Fue en 1986 cuando, de nuevo huérfano de socio capitalista, el certamen lo rescató el Ayuntamiento de Oviedo, con Antonio Masip en la Alcaldía.
La segunda época. Miguel Munárriz, hoy delegado de Asturias en Madrid, trabajó en la coordinación del premio junto a Juan Benito desde el año 1987 y hasta 2007, y recuerda perfectamente las sugerencias del jurado para cambiar, como sucedió en 1990, el modelo del certamen. Igual que con el «Goncourt», se pasó a premiar la primera obra narrativa de un autor editada ese año. Munárriz juzga ahora «bastante triste» la interrupción de la convocatoria. «La historia del "Tigre Juan" fue ejemplar», resume, «podían haber bajado la dotación y mantenerlo. Es el fin de una época. Oviedo se queda cojo».
En esos años se produjo el cambio de gobierno en la Alcaldía y el premio sobrevivió. Lo recuerda ahora el entonces concejal José María Fernández del Viso. «Se había dicho que con la llegada de Gabino de Lorenzo nos íbamos a cargar varias cosas, y nada de eso, llegamos sin ningún afán de deshacernos de anda y el "Tigre Juan" lo potenciamos al máximo. Es una lástima que se suspenda, era de una rentabilidad tremenda para la ciudad».
Últimas etapas. El «Tigre Juan», con la entrega vinculada a «Libroviedo», todavía regresó a la modalidad de inéditos y de nuevo a la de libro editado, al tiempo que llegó a una dotación de 54.000 euros.