Marta PÉREZ
Lo que pudo ser una gran tragedia en la ciudad se saldó ayer con dos heridos de carácter leve y una crisis de ansiedad. La cornisa entera del número 32 de la calle la Tenderina -de unos 30 metros- se vino abajo a las dos y media de la tarde de ayer. Entre dos y tres toneladas de escombro, según los primeros cálculos de los bomberos, se precipitaron sobre la acera de la calle. El derrumbe, afortunadamente, no pilló de lleno a nadie. Las dos personas heridas son dos mujeres que sólo presentan rasguños, mientras que la conductora de un vehículo que circulaba por la calle cuando se produjo el derrumbe tuvo que ser trasladada al hospital con un ataque de ansiedad.
Al principio se pensó en una explosión de gas. Fue lo que dijo la persona que informó por teléfono a la Policía Local del suceso. Pero esta hipótesis en seguida quedó descartada. «La vejez altera las cosas. Los técnicos están revisando el edificio, y hay que esperar a los informes», explicó a LA NUEVA ESPAÑA el jefe de turno del equipo de bomberos, Jaime Pérez Fernández. «Es una lotería que no haya pasado nada», dijo.
«Sentí un estruendo tremendo y pensé que había habido un accidente de tráfico; al momento ya no vi nada, todo fue una nube de polvo», afirmó José Manuel Rodríguez, dueño del bar Madrid, que se ubica en la planta baja del edificio. «La casa está bien, no sé qué habrá podido pasar», aseguró. «Una de las heridas es clienta del bar. Acababa de salir a la calle; menos mal que sólo la pilló en una pierna», dijo.
«Soy consciente de que volví a nacer». Covi Carbayo estaba cerrando la puerta de la agencia de viajes donde trabaja, en los bajos del edificio, cuando la cornisa se vino abajo. «Fue un golpe seco; luego mucho humo y piedras», relató. «Se me puso el corazón a dos mil por hora», explicó a este periódico la mujer, que aún no se había recuperado del tremendo susto. Fuentes hospitalarias confirmaron que las personas heridas se encontraban «bien» y que serían dadas de alta a lo largo de la tarde de ayer.