PEPE MONTESERÍN
Para un programa didáctico de televisión sugerí al cámara que filmara un alero en «tejaroz», solución constructiva donde la cubierta vuela sobre la fachada del edificio en sucesivas hiladas de tejas árabes, en posición de cobija. ¡Ay!, pero el joven no sabía qué era un alero. Ciertamente, no podemos empezar la casa por el tejado. Con el tejado se termina la estructura de un edificio, pero es lo primero que ha de conservarse; por ahí mueren las casas. No sólo la tarde cae sobre el tejado, también la lluvia, hojas, gatos, nidos, tesoros de urracas, hiedra, violinistas y pelotas olvidadas quedan en el alero; así se atascan limahoyas y canalones, y así, entre el sobrepeso del agua estancada y la que se filtra y oxida hierros y pudre cerchas, pasó lo que pasó en la Tenderina, y puede ocurrir en las Pelayas y en Santullano. Por eso es importante enseñar a los niños qué es un alero.