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El tiempo vuela

Horas bajas

n Todo Oviedo y más, en la calle para despedir a un ovetense excepcional, don Sabino, un hombre que era cordialmente cercano

 
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CARMEN RUIZ-TILVE Otra vez la evidencia de que el tiempo vuela, con octubre liquidado y algunas tiendas queriendo disfrazarse de Navidad.

Así como septiembre se engalana por San Mateo, octubre ya lleva años poniéndose de gala para la entrega de los premios «Príncipe de Asturias» que, a fecha fija, paralizan la calle, a golpe de gaitas, para hacer los honores a tantos como llegan hasta aquí en el último fin de semana del mes, unos para ser premiados y otros para comprobar de cerca tanto como se cuenta, en un juego imparable en el que todo parece felicidad.

El juego previo consiste precisamente en jugar con la suerte y las buenas dotes de fisionomía para reconocer por la calle a los famosos, que a veces se dejan ver, en actos públicos acordes con sus variadas especialidades del saber, el ser y el estar, en las calles y en los muchos sitios de la ciudad en los que se come bien. El día crucial, el viernes, cumplidos todos los encuentros, citas y reuniones, con foto incluida, el teatro Campoamor vuelve a ser escenario por antonomasia para el acto solemne de la entrega, siempre igual y siempre diferente, en el que sería de agradecer alguna agilización, quizá con menos discursos y recorte en la glosa, siempre brillante, de los premiados, en el discurso del Príncipe.

Si me pidieran elegir una de las intervenciones, me quedaría con la del rector de la Universidad Nacional Autónoma de Méjico, el doctor José Ramón Narro, cuando dijo: «El premio que se otorga a la Universidad es una gran motivación para reafirmar nuestro compromiso con la educación y las causas de la sociedad. Para el ser humano el conocimiento siempre ha sido importante, pero ahora es fundamental. No hay campo de la vida en el que no influya el saber. Por esto preocupa tanto en desinterés de algunos en la materia, como que en muchos sitios no sea una prioridad o que le escamoteen los recursos para su generación y transmisión. Sin ciencia propia, sin un sistema de educación superior vigoroso y de calidad, una sociedad se condena a la maquila, a la medianía en el desarrollo. Por ello resulta indispensable reivindicar el derecho a la educación. Por ello es necesario insistir y volverlo a hacer. La educación es vía de superación humana, de la individual y la colectiva. Concebirla como un derecho fundamental es uno de los mayores avances éticos de la historia. Como bien público y social, la educación superior debe ser accesible a todos bajo criterios de calidad y equidad. Por eso duele que en el mundo de hoy, con sus grandes desarrollos, vivan cerca de 900 millones de personas que no saben siquiera leer y escribir».

Si Tigre Juan siguiera con su puesto en el mercado de Pilares, y si el mercado de Pilares siguiera siendo lo que fue, andaría ahora atareado con las legumbres de otoño. Sin mercado y sin legumbres, Tigre Juan sigue siendo un personaje literario vigoroso, testigo de muchas cosas desde la afilada pluma de Pérez de Ayala. Tigre Juan se había convertido, con acierto, en patrocinador de un premio literario nacido con buenos augurios y que acaba de fallecer a los treinta años de edad. Lo que se certifica ahora es la defunción de un ser sin suerte que languideció a lo largo de variadas etapas que en nada le favorecieron, como salta a la vista.

En otro orden de cosas, fueron también de octubre las conferencias de la SOF sobre Oviedo, herederas de las que se dictaron entre los años 60 y 70 del siglo XX, a lo largo de nueve. Quizá a alguien pueda sorprenderle ahora que estén incardinadas en la actividad de la Sociedad Ovetense de Festejos, pero se hacen por coherencia con la primera etapa, aunque, siéndolo, no son sólo festejo y participen del lema clásico de «instruir deleitando». Este es su séptimo año, su séptimo octubre, cuando una vez a la semana, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, cuatro personas, bien dispuestas y bien informadas, vienen a hablar sobre un tema monográfico que siempre ha de ser relacionado con Oviedo.

Este año fueron dos profesoras universitarias, un escritor y un periodista, todos muy destacados en lo suyo, los que hablaron de Oviedo, con una sala a rebosar de un público que en gran medida ya es «de plantilla».

Ya tenemos la tradición de que el día de la última conferencia se presente el libro en el que se recogen las del año anterior, y así, el miércoles 28 se presentó el tomo VI, en el que, junto con las pronunciadas por Yayoy Kawamura, Javier Cuervo y Pepe Colubi, aparece la de Sabino Fernández Campo sobre «El poder moderador del Rey», que cobra ahora triste actualidad. Don Sabino, excepcionalmente, pronunció en estos años y en estas jornadas ovetenses dos conferencias. En 2006 desgranó sus «Recuerdos del Oviedo antiguo» para delicias de todos los presentes y luego para placer de todos sus lectores, al publicarse al año siguiente.

Siempre generoso, contábamos con su intervención en el acto de este año, pero no pudo ser. Todo Oviedo y más, en la calle para despedir a un ovetense excepcional. De valores reconocidos por gentes de todas las tendencias. La Catedral, adecuada a la solemnidad, con toda su belleza. Las gaitas imponiendo tristeza, que no es en ellas habitual, el coro de la Fundación Príncipe de Asturias solemnizando las bóvedas góticas y los corazones pensativos. Una familia grande y un acompañamiento masivo, que se extendió por la plaza y llegó hasta el Campo, donde en el monumento, obra de Ochoa, encuentran ahora los ovetenses la forma de prolongar la gratitud y el afecto a un hombre que, por encima de sus valores bien conocidos, era cordialmente cercano, y además era ovetense.

La Familia Real ni estaba ni se la esperaba.

1 de noviembre, festividad de Todos los Santos. Trasiego de visitas, saludos, flores, oraciones, de recuerdo a fecha fija. Todos los días son adecuados para recordar a los que faltan, aunque el recuerdo no baste para llenar los huecos.

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