LEONCIO DIÉGUEZ
Compositor, acaba de estrenar «El passo honroso»
Javier NEIRA
Leoncio Diéguez, durante 25 años catedrático de Composición del Conservatorio Superior de Música de Oviedo -del que, asimismo, fue director-, ha formado a decenas de músicos. El pasado viernes estrenó con gran éxito en el auditorio Príncipe Felipe su última obra, «El passo honroso de dom Suero de Quiñones», sobre un suceso histórico ocurrido en la villa de Hospital de Órbigo, muy cerca de Palazuelo, donde nació. Es, asimismo, canónigo de la Catedral de Oviedo y director de la «Schola Cantorum».
-¿Cuál es el móvil, en su caso, para componer?
-Pues igual que hay fontaneros hay compositores. Es un oficio. Requiere un buen aprendizaje, sólo así después eres capaz de transmitir algo. Como cualquier arte. Como ocurre con un escultor que con un martillo y un cincel va sacando de una piedra una forma. Compongo porque si no me deprimo. Estoy metido en la música, ¿qué hago si no? No voy a jugar a las cartas o al balón.
-El peso de la tradición sobre la creación actual es enorme.
-Ahora se compone más que nunca, para la radio, la televisión, música ligera, pop... Antes de ese mundo, sólo para las revistas. La música rock a estas alturas creo que está trasnochada. Todo ruidos e incoherencias para acompañar textos que no se entienden.
-Pues tiene un enorme éxito.
-Porque estamos en una sociedad aberrante.
-Algunos creen que enlaza con la danza primitiva, con los saltos alrededor de la hoguera.
-Claro, lo primero en la historia de la música es la danza. El ritmo. Después, el texto para decir cosas. Y, posteriormente, la armonía, que pertenece a la parte afectiva y está ligada al verdadero arte. La polifonía, que equivale al relieve de la pintura.
-Con leyes objetivas.
-Obviamente. La música es de ayer. Había danzas y flautas de pastores encantadores, pero, de verdad estructurada, es de ayer. Hasta el siglo XI no se podía escribir. La arquitectura clásica llegó al máximo, y la pintura de los murales romanos, lo mismo. Y la literatura. Pero no hay apenas música entonces.
-¿Se perdió?
-No, es que no había nada. Lo más antiguo es visigótico. En la Catedral de León hay documentos musicales sin líneas, apenas unos grafismos, como electrocardiogramas. Realmente, es muy reciente, hasta que no se crea el pentagrama no hay nada.
-Hasta que no se sabe escribir, pues, no hay apenas música.
-En el sentido fuerte, no, porque no hay forma de transmitirla y, por lo tanto, de evolucionar y progresar. No hay fecha fija de inicio, pero todo viene de la escuela francesa, de París, allá por el siglo VIII o IX.
-La época de Carlomagno, ¿no hay nada aquí de su contemporáneo Alfonso II el Casto?
-No, en la Catedral de Oviedo lo más antiguo es del XVI, tiempo ya de los grandes polifonistas. La música nace para acompañar un texto que era la clave. Se independiza prácticamente en el primer barroco, con Monteverdi. Antes los instrumentos doblaban al coro. Después, ya no, se independizan.
-La electrónica lo cambia todo.
-No cabe duda, va a dar mucho de sí. Pero costará. Los instrumentos de orquesta son aún prácticamente los mismos del barroco. Para avanzar así, ahora, sería como ir a la Luna con una escoba. Para avanzar hacen falta nuevos instrumentos y probablemente nuevos sistemas de escritura.
-Las vanguardias rompieron con todo.
-No se puede pasar de saber a no saber música como quieren algunos. Así sólo se hace ruido. La mejor música contemporánea es la de quienes han estudiado desde abajo.
-La música es un gran negocio y no lo digo sólo por la SGAE.
-Mueve muchísimo dinero, hasta en los aviones hay música.
-¿El silencio ofende?
-La radio lo cambió todo, antes permanecían sólo las obras maestras. Los archivos están llenos de música, alguna muy buena, que nunca se llegó a conocer.
-El luteranismo, iconoclasta, se volcó en la música y superó al catolicismo.
-La música por el pueblo, decían, pero vieron que así se frenaba todo y decidieron evolucionar. Bach hace cantatas ya muy distintas.
-No es fácil que el pueblo cante el «Ave Verum».
-Las vulgaridades no satisfacen. Bueno, ahora sí, como esas canciones con guitarras en las iglesias.