David ORIHUELA
Menos aglomeraciones pero más visitantes. Así se resume el Día de Todos los Santos, que este año se convirtió, al caer el 1 de noviembre en domingo, en un fin de semana de visitas al cementerio. Fueron muchos los que optaron por honrar a sus muertos el viernes o el sábado, y algunos lo dejarán para hoy (Día de Difuntos), también festivo, pero ayer el camposanto ovetense también estuvo muy concurrido por la mañana, antes de que la lluvia estropease la tarde. A las doce y media de la mañana el dispositivo de tráfico establecido por la Policía Local funcionaba a la perfección y no había retenciones para subir desde Oviedo a San Esteban de las Cruces. Ya en el cementerio se apreciaba que el número de visitantes era sensiblemente inferior al de otros años; sin embargo, había muchas más flores. Los ramos se fueron acumulando sobre las tumbas y en los nichos a lo largo de todo el fin de semana.
El cementerio, aun así, era ayer un ir y venir de personas que acicalaban las tumbas, rezaban o comentaban las noticias de la familia. El Día de Todos los Santos es en muchos casos un reencuentro familiar.
A pocos metros de la capilla del cementerio, desviándose del pasillo central, una tumba llama la atención de los visitantes. Aún ayer se conservaban decenas de coronas sobre la lápida del enterramiento de Sabino Fernández Campo, fallecido hace una semana. Y no fueron pocos los que, movidos por la curiosidad o el respeto, se acercaron a la tumba del general.
A pocos metros, el contraste. La tumba del primer alcalde democrático de Oviedo, Luis Riera Posada, una discreta decoración en memoria del regidor fallecido en 2007.
En la fosa común, la tónica general de la mañana en el cementerio: muchas flores en recuerdo de los republicanos fallecidos, pero pocas personas. Una mañana tranquila de respeto y homenaje a los que ya no están en este mundo.
D. O.
«Ha venido algo más de gente que otros años», aseguraba a media mañana de ayer Manuel Ángel Estrada, responsable de una de las floristerías que están a la entrada del cementerio de Oviedo. Los floristas son el mejor termómetro en las celebraciones mortuorias, y Estrada llevaba trabajando desde el lunes pasado, y ayer había llegado al cementerio a las cinco y media de la mañana. «Hay algunos que han dormido aquí», aseguraba.
La crisis económica se ha notado también a la hora de comprar las flores para rendir homenaje a los muertos. Según los floristas del cementerio ovetense, los clientes se han gastado este año menos dinero que en otras ocasiones, pero, de todos modos, lo compensan con una mayor afluencia de clientes. «La media es de unos 50 o 60 euros por persona, los hay que se gastan diez euros y los hay que pasan de los cien», explica Manuel Ángel Estrada.
Claveles, crisantemos y rosas son lo más vendido durante estos días. La semana ha sido de intenso trabajo para los floristas que tienen su puesto a las puertas del cementerio de Oviedo. A la una de la tarde seguían haciendo centros y ramos a buen ritmo. «¿Hoy qué día es?», pregunta despistado Estrada, «domingo»; «pues llevamos aquí desde el lunes». Jornadas de trabajo sin tener en cuenta si es viernes sábado o festivo, porque el festivo es el día de más trabajo.