Marta PÉREZ
Ángel Menéndez González, oficial mayor del Colegio de Abogados de Oviedo, acaba de jubilarse tras cincuenta años de trabajo. Nacido en Villapérez en 1945, con sólo 14 años empezó a trabajar de ordenanza en el Colegio. El Colegio de Abogados le ha despedido por todo lo alto con la imposición de la Cruz distinguida de segunda clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort y la insignia de oro del Colegio, además de un homenaje en el transcurso de un almuerzo que se celebró el pasado viernes en Casa Lobato. «Si y no», responde Menéndez cuando le preguntan si le da pena jubilarse después de cincuenta años de trabajo. «Es mucho tiempo, pero la verdad es que tengo ganas de descansar», afirma.
Aquella plaza de ordenanza, con funciones de botones y recadero, que ocupó en 1959, era en principio por sólo tres meses de prueba. Un año después se reintegró en la plantilla del Colegio en el área administrativa, donde con los años fue ascendiendo de categoría. En sus horas libres, para ganar un sobresueldo, realizaba trabajos de mecanografía: extractos de sumarios, apuntes de pleitos, testimonios o entrega de documentación a abogados. «Entonces no existían fotocopiadoras ni fax, sólo una máquina de escribir Olivetti», afirma Ángel Menéndez.
«Estos cincuenta años han transcurrido como un abrir y cerrar de ojos. He crecido a la sombra de las juntas de gobierno y de todo el censo colegial, tanto ejercientes como no ejercientes, recibiendo no sólo la formación precisa para desarrollar las tareas administrativas, sino educación y comportamiento, tan importantes para cualquier persona en la vida», explica el oficial mayor del Colegio de Abogados. «El colegio ha experimentado muchos cambios en estos cincuenta años. Cuando llegué eran 450 los colegiados ejercientes y otros tantos no ejercientes. En la actualidad el censo es de 1.991 colegiados ejercientes y 1.237 no ejercientes», repasa Ángel Menéndez.
Pocos se saben como él, al dedillo, la historia del Colegio de Abogados de Oviedo. En los bajos de su sede, en la calle Schulz, Ángel Menéndez ha creado una especie de museo con fotografías, recuerdos e incluso lámparas, máquinas de escribir y cuños de épocas pasadas. En su museo ocupa un lugar importante un recorte de prensa de la primera mujer abogada de Asturias, Alicia García Salgado, que se incorporó a la profesión en noviembre de 1935 y acabó exiliada. Regresó a España y falleció en Llanes en 2003.
Padre de dos hijas, una de ellas miembro del Colegio de Abogados, Ángel Menéndez dedicará ahora todo su tiempo libre a disfrutar de la familia.