Ángel FIDALGO
La ciudad china de Cantón ya tiene una guía turística. Nada extraordinario, pero la peculiaridad es que ha sido escrita por un ovetense. Alberto Llaneza, de 34 años, licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo, siempre tuvo pasión por el lejano país oriental, lo que le llevó a viajar a la mítica Catai, que de niño había conocido en los libros de Marco Polo. «Desde pequeño tuve mucha curiosidad por China y todo lo que la rodeaba. Ya de adulto, tras una temporada en Londres, regresé a Oviedo, y muy cerca de mi casa, en Ciudad Naranco, me enteré de que habían abierto una academia para enseñar chino y no lo pensé dos veces». Había empezado la primera parte de un largo viaje que aún no ha terminado, animado por su profesora de chino y por su ilusión infantil de conocer el país de la Gran Muralla, de la Ciudad Prohibida y de los míticos soldados de terracota.
Hace un año que Alberto Llaneza vive, trabaja y se siente feliz en Cantón, el nombre en español de Guangzhou, una ciudad del sur de China, capital de la provincia de Guangdong, que tiene más de trece millones de habitantes. Sólo hay una colonia de apenas doscientos españoles. «La Cámara de Comercio Española en Cantón me pidió que escribiera una guía turística de la ciudad y no lo pensé dos veces, tal vez porque no era consciente de lo complicado que me iba a resultar conseguir toda la información que necesitaba», explicó telefónicamente a LA NUEVA ESPAÑA. Este singular encargo le obligó a ahondar en la historia, la cultura, la economía y la cocina cantonesa, la más famosa de China y la que utilizan en la mayoría de los restaurantes chinos que hay en Europa.
Alberto Llaneza tiene una empresa que actúa de intermediaria entre compradores españoles de todo tipo de productos y los fabricantes chinos. «Y todavía me queda tiempo para seguir recibiendo clases de chino tres horas al día y también para enseñar español en una de las universidades de Cantón, algo que hago sólo por placer».
Pero antes se tuvo que abrir paso actuando en papeles secundarios de películas, haciendo anuncios publicitarios, desfilando por pasarelas de modas e incluso cocinando en grandes supermercados. «Es una ciudad que tiene mucho de circo, en la que no hay dos días iguales, y cuanto antes lo aprendas es mejor, porque te adaptarás antes y mejor a la vida cotidiana y a la filosofía de sus habitantes», sostiene Llaneza, que cada día que pasa continúa sorprendiéndose de la vida cantonesa.
«El nivel económico de esta ciudad cosmopolita, que tiene también un nivel de vida por encima de muchas europeas, es enorme», asegura el ovetense, al que también le sorprendieron «las oportunidades de negocio que hay en muchos sectores, desde las manufacturas baratas a la alta tecnología». Explica, mientras habla por teléfono desde la terraza de un restaurante cantonés a las once de la noche, hora local, en chanclas y con pantalón corto, que en Cantón hay muy pocos extranjeros, que no es como Shanghai, pero que cada vez se empieza a notar más la presencia de mexicanos e italianos, que están abriendo muchas discotecas. Alberto Llaneza recomienda viajar a Cantón, una ciudad en la que asegura que «se vive muy bien, es barata y la gente es encantadora y muy acogedora».