PEPE MONTESERÍN
En la Universidad San Sebastián de los Reyes, conocí la quebrantada salud inquebrantable de Francisco Ayala, cuando me concedieron el premio ««Francisco Ayala», en el año 2000; no pudo acudir y lo sustituyó José Hierro; falló también en la presentación de mi novela, y lo sustituyó Carlos Bousoño. Fui a escucharlo después un verano, en las charlas literarias que se organizan en Santander, en el Palacio de la Magdalena, pero no compareció; cada día más viejo. Y fue en 2004, en un viaje mío a Argentina, a Rosario (allí vive parte de mi familia Corrales), donde creí que iba a tener la suerte de saludarlo, invitado él, muchos años exiliado en Buenos Aires, a un congreso sobre Lengua Española, que inauguró Juan Carlos I. Pero Ayala tampoco asistió, hizo acto de presencia a través de una grabación. Bien me extraña que haya acudido a su última cita.