JOAQUÍN VALDEÓN
ORQUESTA SINFÓNICA DE GALICIA
ANTONI WIT, DIRECTOR. OBRAS DE CHAPÍ, PROKOFIEV, DVORAK Y R. STRAUSS. AUDITORIO DE OVIEDO, 5 DE NOVIEMBRE DE 2009. AUDITORIO, 5 DE NOVIEMBRE
El concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia, ofrecido bajo el patrocinio de Fundación Caixa Galicia, consiguió agotar las entradas disponibles en la sucursal, aunque en la práctica muchas de esas entradas no fueron ocupadas. Suele suceder que en los espectáculos gratuitos un porcentaje -en esta ocasión casi un tercio del aforo- no ocupe finalmente las localidades que han retirado. Una lástima. Lo que se da gratis no suele valorarse en su justa medida. A los aficionados incondicionales a los conciertos se sumó un público más heterogéneo. Esto es bueno para la música, aunque en la sala se notó una cierta relajación -la primera obra tuvo un acompañamiento numeroso de dispersas toses-, muy lejos de la reverencial expectación que puede darse en los grandes conciertos de abono. Lo cierto es que la obra inicial «Los gnomos de la Alhambra», de Chapí, no consiguió captar en exceso la atención del oyente, con una factura tan refinada como sosa en su inspiración episódica. Los primeros compases de la selección de «Romeo y Julieta» de Prokofiev marcaron, en este sentido, una enorme distancia. Todo pasión en la escritura musical y alarde de eficacia orquestal que, a lo largo del programa, no se vio correspondido en la medida de las posibilidades de una gran orquesta como sin duda lo es la Sinfónica de Galicia, y un director experimentado como Wit. Algo parecido sucedió en la segunda parte, donde el «Till Eulenspiegel» de Strauss se hizo esperar después de «La rueca de oro» de Dvorak. En el programa se incidió en exceso en obras con marcado carácter episódico en donde la apuesta por el Romanticismo, que puede parecer segura cuando se busca la aceptación mayoritaria de un público como decimos heterogéneo, adoleció de un centro de verdadero interés, incluso puede que se echara en falta una obra más sólidamente estructurada en su forma y de más profundo desarrollo o, incluso, un concierto con solista para romper la uniformidad de planteamiento.
En general todo pareció sonar con tanta corrección como excesivamente uniforme. Aunque debemos situar este matiz en el lugar que le corresponde, es decir, dentro de una calidad musical que garantiza con absoluta profesionalidad lo escrito en las partituras e interpretado por un instrumento, como insistimos es la Sinfónica de Galicia, de plena solvencia. Esto fue lo destacado y por eso no lo extraordinario. Wit ofreció una visión tan excesivamente correcta como poco penetrante. La noche lluviosa y más que fría, desangelada, pareció también colarse en los ánimos de la parte más sutil de lo que supone la interpretación musical del más alto nivel.