PEPE MONTESERÍN
Ombliguera, orejas de abad, basilios, escudetes, gorros de sapo, hierba de bálsamo y ombligo de Venus son algunos nombres de la planta que hoy traigo, tan común entre nosotros porque en Asturias hay mucho Norte, mucha sombra, lluvia abondo, canalones y prerrománico. Forma parte del famoso ungüento de populeón, con manteca de cerdo, adormidera, belladona y yemas de chopo, tan bueno para calmar las almorranas. En primavera salen de su tallo ramilletes de campanillas, flores cabizbajas que, sin duda, se miran el ombligo; les gusta que se hable de ellas y se multiplican con espejos delante. Son diuréticas, por supuesto; mientras no diga lo contrario, esta sección es diurética, deshace la piedra y sana llagas. Y luce la ombliguera en Pravia, en las solapas de los jerséis de los escritores, que debatimos estos días, stricto sensu, acerca de nuestros ombligos.