LUIS ALONSO VEGA
Los milagros de internet hacen que uno se entere puntualmente de las noticias, sobre todo, en mí caso, por LA NUEVA ESPAÑA. Así, el año pasado una nota de la Agenda en este mi periódico me trajo el grato recuerdo de alguien tan peculiar como la persona de Mateo Llana, don Mateo, maestro nacional que era y fue durante muchos años, dedicado a la docencia desde los años cuarenta del siglo anterior, pasando por su escuela un nutrido e indeterminado número de alumnos, con edades comprendidas entre los 5 y los 12 años.
Con motivo de tal noticia, el octavo encuentro, en el año 2008, me sentí como obligado a dedicarle unas líneas y, como consecuencia, los promotores de referidos encuentros se pusieron al habla conmigo, invitándome a compartir con ellos la celebración de este año, cosa que agradecí y acepté en aquel momento. Pero, ya lo dice el refrán, «el hombre propone y Dios dispone», con lo que, lamentablemente, no pude acercarme a Oviedo este 6 de noviembre, pero sí les prometí volver a escribir y publicar nuevas líneas en LA NUEVA ESPAÑA.
Este año transcurrido dio lugar a que pudiese saber y recordar bastantes más cosas de lo que supuso la Escuela Mateo Llana. Sí, tenía en mente que tal colegio estaba enfrente de la hornacina de San Antonio, cuyo santo da nombre a esa zona, en la parte baja de la Argañosa. Que, originalmente, constaba de dos clases perfectamente diferenciadas: niñas y niños. La evocación de aquellos antiguos alumnos está dedicada con mucho cariño y respeto, a la par que a don Mateo y algunos educadores que no quedan atrás, a la profesora, casi desde sus inicios, doña Encarnación González, ya fallecida y asistente a estos encuentros hasta hace poco tiempo. Entiendo que, respetando cualquier creencia y previo al acto de bienvenida y cena que después disfrutan, encargan una misa en la iglesia de San Pablo por el fundador y creador de repetida escuela, los profesores y sus antiguos condiscípulos ya fallecidos.
Antes de la cena se saludan -alguno, después de todo un año sin verse-, charlan animadamente, surge la chanza y, sobre todo, les gusta volver a ver aquellas viejas fotografías de la infancia: este año, alrededor de treinta. Muchos viven en Oviedo, pero otros vienen de Barcelona, Bilbao, Santander, Vigo?, y hay uno en concreto que suele venir desde Bélgica: no se olvidan tan fácilmente unos de otros.
Un día de estos de atrás, hablando con los cinco promotores del encuentro -Conchita, Barril, Cano, Tofi y Vigil- en conversación telefónica «simultánea», a veces se atropellaban unos a otros contando cosas geniales de aquella época. En una de ellas me decían que, como eran años de no mucha abundancia en las casas, Mateo llevaba a cabo un curioso gesto a media mañana para «matar la fame»: mandaba un niño con un vaso de sidra al bar que tenía Pacita Llana al lado de la escuela, hermana de Mateo, para que lo llenase de aceitunas y así dar una a cada niño; se reía Cano contándomelo: en el camino hasta la clase el portador solía comerse alguna más. Ya no sé si era picaresca o hambre de verdad.
Haciendo un paréntesis y como mi sapiencia en fútbol es bastante pobre, me apuntan que Mateo Llana fue promotor y presidente del Astur Club de Fútbol y que el campo donde juegan se llama precisamente Hermanos Llana por haber cedido el terreno todos los hermanos. Algo más de historia que contrasta con su dedicación, y aún queda bastante más.
Otro agradable momento de la infancia era cuando preparaban a los niños para la primera comunión en la misma escuela. La ceremonia se llevaba a cabo, año sí, año no, bien en iglesia parroquial de San Pedro de los Arcos o en las RR MM Agustinas, estas últimas aún en la precaria travesía de Colón. Pero aquella función religiosa tenía un final feliz para toda aquella gente aún menuda: una chocolatada, generalmente, en el mencionado bar Casa Pacita, como antes decía, propiedad de la hermana de Mateo. Chicos y chicas hoy no olvidaban tan fácilmente el desprendimiento y la generosidad de este hombre.
De aquellos niños y niñas, unos salieron de la escuela a los diez años para hacer su ingreso en institutos y, otros, a los doce, para diversos centros, como la Escuela Profesional de Comercio, la posterior Academia Llana, Academia Ojanguren? Todos ellos, de provecho, y con ese recuerdo de un buen aprender y una, aunque dura, mejor enseñanza.
A partir del día 7 de noviembre los hoy promotores comenzarán a trabajar por el décimo encuentro -como a ellos siempre les gusta recordar- ex alumnas/os de la Escuela D. Mateo Llana, que se celebrará por todo lo alto en el 2010. Tienen muchas ideas en la cabeza, alguno ya habla hasta de revolucionar el futuro con la creación de unos estatutos que tengan base jurídica para el mañana. A pasarlo bien, ¡qué caray!, y a ver si el próximo año puedo estar con y entre vosotros. Por lo hasta ahora hecho y por ese futuro prometedor, mi más sincera enhorabuena.