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Asturiana de altos vuelos

Covi Martínez, de 24 años, es una de las primeras mujeres piloto de la compañía panameña Copa Airlines

 
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Asturiana de altos vuelos
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Marta PÉREZ
Con sólo 4 añitos, Covadonga Martínez Viejo cogía las cortinas de la ventana del salón de su casa y jugaba a los aviones. Se balanceaba y mecía con las telas imaginando que alcanzaba el cielo volando en uno de esos aparatos con alas que veía en la tele. A los 5 años ya conocía el significado del término «turbulencias». Fue por esa época cuando les dijo a sus padres, muy seria, que de mayor quería ser piloto. «Sonó como quien dice quiero ser astronauta, un sueño inalcanzable», cuenta hoy Covadonga Martínez, Covi, que con sólo 24 años se ha convertido en una de las primeras mujeres piloto de la compañía panameña Copa Airlines, de las más importantes de Latinoamérica.

Esta semana ha dejado aparcado su Boeing para visitar en Oviedo a sus padres. También a su abuela, Lolina Suárez, quien en Rioseco de Sobrescobio, donde nació la joven piloto, marca con chinchetas en un mapamundi el destino del vuelo diario de la nena. Sus padres comenzaron a tomarse en serio que Covi Martínez de verdad quería ser piloto cuando después de aprobar la selectividad envió solicitudes a todas las escuelas de vuelo del territorio nacional para iniciar sus estudios. Covi ya había volado alguna vez en La Morgal, así que no les cogió demasiado de sorpresa. La Escuela de Aeronáutica de Salamanca, que forma pilotos civiles, fue su destino. «Es un proceso muy lento, te exigen mucho. Es muy diferente al colegio, con una disciplina muy marcada», cuenta Martínez. Después de diez meses de teoría, por fin, en 2004, la joven cogió un avión. «La verdad es que fui primero piloto de avión que de coche. Aún no me había sacado el carné de conducir», relata Covi Martínez. «No me resultó difícil, pero me hizo mucha ilusión, no me lo creía», recuerda.

Cuando en 2005 terminó los estudios de piloto en Salamanca, volvió a casa. Para quitar el mono de volar se iba a La Morgal con el aeroclub «El Águila». Mientras, se preparaba para presentarse a todas las ofertas de aviación civil de las que tenía conocimiento. También se formó como azafata: el caso era volar. Pasó las pruebas de Spanair, quedó la cuarta en la selección de la compañía italiana Livingstone e incluso hizo una entrevista de trabajo por teléfono para una compañía de Namibia. Su destino profesional fue, finalmente, la compañía Copa Airlines.

«Las pruebas de las compañías duran mucho, son varios meses, es muy lento. Las terminé antes del verano y hasta noviembre no me llamaron», cuenta la joven. Después de un curso de un mes que las compañías aéreas llaman de «estandarización», Covi Martínez aterrizó en Panamá. «Llegué allí y, nada, a volar», cuenta la joven. Su primer vuelo fue de tres horas, a Miami. El segundo, de siete horas, a Córdoba (Argentina). «El tiempo me pasó muy rápido, como si fuera media hora», explica la joven, que confiesa que lo que más nerviosa le pone en pleno vuelo no son ni las tormentas ni los imprevistos, sino dirigirse a los pasajeros. «Me da mucha vergüenza», asegura Covi Martínez.

Anécdotas en el aire no le faltan. Por ejemplo, en uno de sus primeros vuelos salió al baño en crucero. Un pasajero se dirigió a ella: «¿Usted es la que lleva el avión?», le dijo. «Sí», respondió la joven. «Pues en menudas manos estamos», le espetó el pasajero. Covi Martínez, muy resuelta, le contestó: «Bueno, si quiere bájese del avión, pero no se lo aconsejo».

La joven asturiana también relata emocionada que formó parte de un vuelo dirigido por la primera mujer piloto y comandante de Latinoamérica. En ese vuelo, a México, toda la tripulación era femenina. También las pasajeras. «Nos aplaudieron como nunca cuando aterrizamos», relata.

A Covi Martínez, en este año de piloto, también le ha surgido algún que otro imprevisto. «Los aviones llevan doble y triple de todo, por si falla algo, que entre lo siguiente», explica. «En un vuelo desde La Habana fallaron los dos pilotos automáticos y hubo que traer el avión de forma manual», explica. «No pasa nada, hay que dividir tareas. Sólo piensas en el confort del pasajero y en controlar los compensadores de fuerza», relata la joven, sin darse ninguna importancia.

Covi Martínez define pilotar un avión como «tomar la decisión correcta en el momento adecuado». Aunque está encantada con su vida, le cuesta estar separada de su familia y de su novio. Por cierto, el chaval no se atreve a volar con ella.

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