CARMEN RUIZ-TILVE
CRONISTA OFICIAL DE OVIEDO
Oviedo es ciudad en la que hubo siempre muchos zapateros, unos fabricantes de obra fina u ordinaria, otros remendones y algunos vendedores de lo que otros confeccionaban fuera de aquí, con preferencia por Menorca en el calzado de artesanía, que se diferenciaba cuidadosamente del fabricado en serie en materiales, remate y precio. Incluso algunos señoritos calzaban modelos venidos del mismísimo Londres.
Desde que Oviedo tomó el cetro de la elegancia en el vestir y en el calzar, hasta aquí venían las gentes de toda Asturias y comprar ropa o zapatos era solemne ceremonia.
Hacia 1925, cuando el Oviedo burgués era plenamente mayor de edad y vivía sus felices años 20, había aquí elegantes zapaterías como Casa Ernesto, con especialidad en calzado de señora fino, en Jesús 10, calle que fue tradicionalmente muy zapatera y ahora no tiene ninguna zapatería, cosa que también le pasa a la Rúa, donde Pérez de Ayala instaló, y no por casualidad, a Belarmino y Apolonio. Otra zapatería de entonces, era La Ideal, propiedad de Cándido Suárez, que ofrecía «calzado superior y económico» y estaba en la calle José Tartière, que era como se llamó durante un tiempo la clásica calle San Francisco, dedicada a Tartière por acuerdo municipal de 1903, y así estuvo hasta 1937. Eso se llama desvestir un santo, de hábito franciscano en este caso, para vestir otro, de elegante levita, al margen de que Tartière merezca una buena calle en esta ciudad que fue la suya.
Muy popular en Oviedo en los años 20 era la zapatería de Paco, en Rosal, y el señor Paco debía de ser muy aficionado a la publicidad e incluso editó un interesante plano de la ciudad, rodeado de anuncios.
Veinticinco años después, hacia 1950, con tantos acontecimientos por el medio, había en Oviedo muchas zapaterías de venta de calzado, repartidas por toda la ciudad, entre las que estaban Almacenes Generales en Santa Cruz, almacén de amplio espectro, el Bazar Español, Calzados Blanco, Calzados Norte y Ciudadela en Uría, Boston y Junco en Jesús, Campoamor en Pelayo, Colón y Los Pequeños Suizos en Cimadevilla, Garrido en Mendizábal, La Americana, La Imperial y Master en Fruela, la Real en Milicias Nacionales, Otigón en La Escandalera y Secades en Rosal 3, al lado de Paco, que seguía, en Rosal, 5. A medida, se hacían zapatos en Oviedo en Arias, en Milicias Nacionales, 3, Rodríguez Palacio, en Independencia, otro zapatero llamado Rodríguez en Magdalena, 34 y algunos más.
Les queda a ustedes la tarea de comprobar lo que queda, porque, afortunadamente, algo queda, como el refinado milagro de Calzados Garrido.
Ahora, supliendo las ausencias, e incluso ocupando locales tan clásicos como el de la Ferretería la Llave, que sigue dando nombre a una parada de autobús, surgen como setas de otoño, zapaterías nuevas y novísimas y se mantienen, afortunadamente, algunas de las que, como Casino, todavía no son cincuentonas. Y es que en el comercio ovetense cuesta mucho llegar a viejo.