PEPE MONTESERÍN
El 23-F, Tejero secuestró a nuestros diputados; me dijo Fraga que él negoció la salida de las mujeres, eran tres, pero sólo quiso salir la embarazada, Ana Balletbó (tenía que salvar al nonato implicado años después en el «caso Movilma»); además, dos políticos granadinos, Jiménez Blanco y Vida Soria, entraron en el Congreso con su maletín de supervivencia y su cianuro en la muela, para solidarizarse con sus compañeros. «Ante esa conducta, yo iría con ellos a cualquier parte», me dice Pedro de Silva, que estuvo allí. El conflicto del «Alakrana» sería la gran oportunidad de un político para canjearse por, o sumarse a los 36 tripulantes del atunero y, desde esta premisa, negociar. Versión menos heroica fue la del catalán al que le cayó un euro en el retrete, dudó si cogerlo y, finalmente, tiró otro dentro; se dijo: «Por dos merece la pena meter la mano en el sifón».