DIANA DÍAZ
La Orquesta Clásica de Asturias ha dado un paso más desde su presentación en Avilés el pasado mes de junio. La calidad interpretativa que va mostrando la formación, unida a una idea coherente y eficaz en la base de su puesta en marcha, pueden hacer a la OCLAS marcar la diferencia en lo que se refiere, digamos, a «orquestas independientes». Con un par de conciertos es todavía pronto para ir más allá, pero subyacen formas saludables para un resultado musical que ya asoma en el directo.
La estabilidad de una plantilla joven aunque lo suficientemente estable; la organización del repertorio con objetivos de avance progresivo, y la exigencia y el poco conformismo en la elección y defensa de los programas y conciertos son rasgos que merecen destacarse en la OCLAS. Todo ello hace que crezca el interés por seguir de cerca la evolución de esta orquesta recién fundada por el asturiano Daniel Sánchez.
Mozart y Beethoven estuvieron esta vez en el repertorio de la joven orquesta, conquistando así nuevos caminos desde su concierto de presentación, dedicado a Mozart. La primera sinfonía de Beethoven, en su compacta estructura y heredera de los grandes clásicos, obtuvo un buen resultado en los atriles de la orquesta. En mayor medida que la obertura «Coriolano», también de Beethoven, que fue una apertura del concierto quizá demasiado prematura. De este modo, en la sinfonía funcionaron las diferentes familias, levantando una obra en la que se entrevé el carácter compositivo del autor, pero en el que todavía pesa como es lógico el legado de la Escuela de Manheim o el trabajo temático de corte haydiano. Aunque podría haberse sacado más punta al «Andante», el resto de movimientos tuvieron una factura efectiva y comprensible desde el punto de vista formal. El trabajo de las dinámicas y los desarrollos imprimieron interés a una interpretación depurada y madura.
La OCLAS abordó además el «Concierto para flauta KV 313» de Mozart, con César González como solista. El flautista candasín reunió habilidades tanto técnicas como expresivas para un concierto de agilidad, melodías, articulación y potencia, que el instrumentista supo cómo desgranar. Por su parte, la orquesta se mantuvo en el estilo adecuado, ajustada en su labor y cristalina, con buena factura especialmente en el primer y tercer movimientos.
La OCLAS podría también ofrecer otras iniciativas complementarias a su actividad y que sirvieran de oportunidad a la cantera musical de Asturias. Por ejemplo, una serie de conciertos con jóvenes solistas que, de otra manera, tienen difícil tocar con orquesta. Sería una de las necesidades en el panorama actual.